El festejo de un mismo amor puede darse en tiempos y lugares distintos. Por ejemplo, en Argentina el Día de la Madre se festeja el tercer domingo de octubre. Mientras tanto, en países como Estados Unidos esta celebración ocurre el segundo domingo de mayo.
Fue en América del Norte donde se creó tal festividad con el impulso de la activista Anna Jarvis. Su propia progenitora luchó por mejores condiciones sociales y abogó por la reconciliación tras la Guerra Civil. Justamente en su honor, la estadounidense realizó campañas hasta conseguir la declaración a nivel nacional de dicho día festivo, producida en 1914.
En ese momento Jarvis se sintió satisfecha, aunque aquella sensación pasaría al extremo opuesto al advertir la comercialización de su propuesta. Así y todo, su idea inspiró a alquien más del otro lado del Atlántico. Era la farmacéutica Constance Adelaide Smith, quien se encargó de reforzar los valores cristianos, haciendo eco de una costumbre medieval de su tierra natal.
El activismo que forjó a Anna Jarvis
La alta consideración a la figura materna data de lejos. Desde la diosa egipcia Isis –cuyo papel sagrado adjudicado se ve en estatuas donde amamanta a su hijo Horus- hasta el homenaje a la fertilidad y la protección en la antigua Grecia a través de Rea, madre de los dioses Zeus, Poseidón y Hades.
La celebración moderna, por su parte, se originó a comienzos del siglo XX. No obstante que Anna Jarvis pasó a ser conocida como la creadora del Día de la Madre en Estados Unidos, el empuje arrancó antes que ella. Más precisamente, con quien la dio a luz.
La mamá de Jarvis estaba comprometida con la paz. Entre sus numerosas acciones, las dolorosas marcas de la guerra de Secesión (1861-1865) la llevaron a preparar un encuentro de reconciliación nada menos que con el título de "Día de la Amistad de las Madres".
Si bien Jarvis era por entonces una pequeña –nació en 1864-, el clima ya propiciaba su futuro interés por el activismo. Vale destacar que por aquella época se encontraba Julia Ward Howe, otra de las precursoras de este homenaje.
Tres años después de finalizados los enfrentamientos entre los estados del Norte y del Sur, en Virginia Occidental se organizó la reunión –que terminaría siendo exitosa- entre los antiguos adversarios.
En ese mismo estado se instauró la ansiada declaración pocos años antes de que lo hiciera a nivel nacional el Presidente Woodrow Wilson. Sin embargo, no pasó mucho tiempo entre la alegría y el arrepentimiento por parte de su creadora, cuya referente consanguínea ya había fallecido para entonces.
La celebración se convirtió en algo sumamente comercial. El aumento de precios de los claveles blancos –que Jarvis misma incentivó como símbolo al ser los favoritos de su progenitora- y la venta de tarjetas de felicitación impresas la llevaron a hacer “protestas ruidosas”, razón por la que llegó a ser arrestada.
"Una tarjeta impresa no significa nada, salvo que eres demasiado perezoso para escribirle a la mujer que ha hecho más por ti que nadie en el mundo", sentenció.
Su disconformidad arribó al punto de promover una petición para abolir el Día de la Madre. Pero aquella iniciativa no contó con la misma atención.
En sus declaraciones contrapuso la “belleza, nobleza y autenticidad” de su propuesta original con la “avaricia” que la había “socavado”. Finalmente, Anna Jarvis falleció en la indigencia en 1948 en un asilo.
El periódico, un medio para la inspiración en una farmacéutica del Reino Unido
Del otro lado del océano, un artículo en un periódico motivó a la mujer que realizaría su propia campaña para introducir esta celebración en el Reino Unido, según destaca en su sitio web el grupo de estudios Coddington History Group.
En 1913, la treintañera Constance Adelaide Smith –cuyo seudónimo intercambiaba Adelaide por Penswick- leyó en las noticias las intenciones de Anna Jarvis de propagar su idea más allá de las fronteras estadounidenses.
Pero Smith, anglicana, quería adoptarla con raíces propias. Para ello tuvo como referencia a la Inglaterra medieval y en 1921 publicó The revival of mothering sunday.
En ese folleto recopiló información sobre el Domingo de la Madre, una antigua tradición en la que, entre otras cosas, los fieles peregrinaban a la catedral local.
Smith –que al igual que Jarvis no tuvo hijos- continuó el movimiento hasta su muerte en 1938. Lo hizo no sin experimentar altibajos. Así como en un primer momento fue rechazada por varias sociedades religiosas, convirtió en aliados a sus cuatro hermanos sacerdotes, quienes en sus iglesias realizaron el respectivo servicio religioso.
También compartió su anhelo con la Unión de Madres, pero no recibió apoyo ante la creencia de que sería “imposible” hacer resurgir una práctica tan lejana.
Hoy, cada año en el Reino Unido se celebra este día el cuarto domingo de Cuaresma, el período en el que se prepara la Pascua, la conmemoración de la resurrección de Jesús.
El revival de una costumbre medieval: el “Domingo de la Madre”
Entre las tradiciones había aspectos loables pero también sus opuestos, inadvertidos por quien fuera farmacéutica en la ciudad de Nottingham.
En la Edad Media no faltaban los conflictos entre parroquias, en especial por quién iba primero en la señalada procesión.
Un obispo de Lincoln ya apercibía con dureza sobre este celo por la ubicación de los estandartes: “Quienes deshonran a su madre espiritual no deben, en absoluto, librarse del castigo, dado que aquellos que deshonran a sus madres terrenales, conforme a la ley de Dios, son maldecidos y castigados con la muerte”.
El hambre era otro de los factores aparecían para este acontecimiento anual, que permitía el día libre a los trabajadores. Allá por el siglo XVII los hijos que visitaban el techo materno al volver de sus trabajos como aprendices y sirvientes, lo hacían con un alimento calórico: un pastel simnel.
Ese gesto tenía un propósito particular aparte de cumplir con la tradición. "Era una de las épocas más difíciles del año, cuando las reservas de alimentos estaban en su punto más bajo", dijo a la BBC el profesor de la Universidad de Bristol Ronald Hutton.
Más cerca en el tiempo, la cantidad de duelos que dejó la Primera Guerra Mundial, lejos de detener esta festividad en el Reino Unido, la potenció, según aseveró la historiadora Cordelia Moyse a dicho medio.
Sobre la firma
Mirá también
Newsletter Clarín





