"Cuando la muerte llega, el impacto psíquico es profundo, porque no perdemos solo a una persona: perdemos a quienes ocuparon el lugar más antiguo y estructurante de nuestra vida". Así lo explica la psicóloga especialista en duelo Mariana Loria a Clarín, quien sostiene que, aunque se trate de una "ley de vida", la pérdida de nuestros padres nos atraviesa por completo y puede obligarnos a reconfigurar incluso la manera en que entendemos nuestra propia historia.
Para la experta, la "paradoja más difícil" es creer que debemos estar preparados para ese momento: "Existe una especie de libreto social no escrito que dice: si sos adulto y tus padres eran grandes, la muerte era previsible, así que se supone que ya la tenías procesada de antemano". Por eso, suele ser uno de los duelos menos mirados, conversados y legitimados socialmente.
Pero la muerte de un padre o una madre puede alterar algo todavía más íntimo: el lugar que ocupamos en el mundo y dentro de nuestra propia familia. Cuando mueren ambos, explica la especialista, no es extraño que personas adultas se definan por primera vez como "huérfanas" o sientan que aquel hogar original dejó de existir tal como lo conocían.
"¿Quién soy yo ahora, sin ser hijo de alguien vivo? ¿A quién le pregunto las cosas que solo ellos sabían de mí o de nuestra historia familiar?", son algunas de las preguntas que pueden aparecer. Además, agrega que aquella muerte nos obliga a corrernos de lugar en el árbol familiar: pasamos a ocupar el lugar de la generación anterior y "enfrentarnos con nuestra propia finitud".
Esto coincide con un estudio publicado en 2026 en la revista científica Death Studies, que analizó las experiencias de 15 adultos que habían perdido a sus padres y recibían acompañamiento profesional. Los investigadores encontraron dificultades para hacer el duelo incluso cuando los padres habían muerto a una edad avanzada.
Además, aparecieron lo que llamaron "pérdidas secundarias": cambios en los roles y responsabilidades familiares, sentimientos de soledad y aislamiento, y la pérdida de referencias asociadas a ese vínculo.
Cómo impacta la muerte de un padre o madre en la familia
“El duelo por un padre o una madre casi nunca queda contenido en un solo vínculo: se filtra en toda la vida cotidiana”, explica Loria. Y la familia es uno de los lugares donde más puede sentirse ese impacto.
Entre hermanos, por ejemplo, pueden reaparecer roles de la infancia (como quién era el más "responsable" o el más "sensible") y las distintas maneras de atravesar la pérdida de cada uno pueden generar tensiones. A eso, se suman decisiones importantes que hay que tomar en pleno duelo, como qué hacer con la casa familiar, cómo repartir los objetos o resolver la herencia.
Mientras tanto, en la pareja puede aparecer una mayor necesidad de cercanía o, por el contrario, irritabilidad y distancia. Y quienes tienen hijos atraviesan, a su vez, una situación particular: hacer su propio duelo mientras siguen sosteniendo la crianza y acompañan las preguntas de los más chicos frente a la muerte.
Todo esto puede convivir con tristeza, sensación de vacío, cansancio, problemas para dormir o concentrarse e incluso culpa. En esta última, sostiene la especialista, puede aparecer por aquello que se dijo -o no- y por la sensación de no haber podido hacer más.
Duelo por la muerte de los padres: qué puede ayudar a atravesarlo
Loria recupera a la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross, autora de Sobre la muerte y el morir, para hablar de las cinco fases que pueden aparecer durante el duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Pero aclara que no se trata de un camino lineal ni de pasos que todas las personas deban atravesar de la misma manera.
Más allá estas etapas, hay algunas herramientas y estrategias que pueden ayudar a transitar el proceso. Para la experta, la primera es no exigirse estar bien rápido ni intentar evitar lo que se siente.
Hablar de lo que nos pasa, no aislarse y tratar de mantener algunas rutinas básicas también puede ayudar. A eso se suman los rituales como recordar una fecha especial, escribir, armar un álbum, plantar algo o encontrar una forma propia de mantener presente a esa persona.
La psicóloga (@lic.mariuloria) también propone pensar qué nos dejaron nuestros padres y qué queremos conservar de ellos: sus valores, sus enseñanzas, sus costumbres o incluso pequeñas formas de hacer las cosas. "Esto no borra el dolor, pero le da un lugar activo y no solo doloroso a la memoria", explica.
¿Y cuándo conviene pedir ayuda? Algunas señales son el aislamiento sostenido, que el dolor afecte de manera persistente la vida cotidiana o sentir que no se puede seguir adelante. En esos casos, recurrir a un profesional especializado en duelo puede ayudar a atravesar ese momento sin hacerlo en soledad y para "encontrar un camino propio hacia la reconstrucción de sentido".
"El vínculo con los padres no termina con la muerte física, sino que se transforma", dice Loria. Y concluye: "El duelo puede transformarse cuando la persona logra encontrar un sentido a lo vivido, no para justificar la pérdida, sino para integrarla en su historia y seguir adelante con ella, no a pesar de ella".
Sobre la firma
Mirá también
Newsletter Clarín


