El cansancio durante los paseos, una respiración más rápida de lo habitual cuando el animal está en reposo o incluso episodios de desmayo pueden ser señales de que algo no funciona correctamente en el corazón de un perro. Sin embargo, algunos de estos síntomas pueden pasar desapercibidos o confundirse con el propio envejecimiento, especialmente cuando aparecen de manera progresiva. Las enfermedades cardiovasculares también afectan a los animales y saber identificar determinados cambios en su comportamiento puede ser clave para detectar a tiempo un problema cardíaco y acudir al veterinario.

La Vanguardia habló con Alexis Santana, veterinario especializado en cardiología, para conocer cuáles son las enfermedades cardíacas más habituales en perros, qué síntomas deberían alertar a sus propietarios y cómo han evolucionado su diagnóstico y tratamiento en los últimos años. El especialista explica también por qué el infarto, tan asociado a las enfermedades cardiovasculares en humanos, es mucho menos frecuente en perros y qué avances permiten hoy tratar patologías que hace unos años tenían un pronóstico mucho más limitado.

¿Qué enfermedades del corazón son más frecuentes en los perros?

Podemos distinguir entre enfermedades congénitas, con las que nace el paciente, y adquiridas, que aparecen con la edad. Entre las primeras está el ductus arterioso persistente, que también se da en niños. Entre las adquiridas destaca la enfermedad degenerativa de la válvula mitral, especialmente frecuente en perros de raza pequeña. También vemos cardiomiopatía dilatada, sobre todo en perros grandes: el músculo cardíaco se degenera y pierde capacidad para contraerse correctamente.

¿Por qué puede aparecer una enfermedad de la válvula mitral en un perro relativamente joven?

No es una patología exclusiva de perros muy mayores, aunque su frecuencia aumenta con la edad. Hay razas con una marcada predisposición genética, como el Cavalier King Charles Spaniel. Por eso se recomienda que los perros de estas razas lleven controles cardiológicos desde pequeños.

¿Qué ocurre en la válvula cuando se desarrolla la enfermedad?

Se produce un proceso llamado degeneración mixomatosa. Cambia la estructura de la válvula mitral y de los elementos que la sostienen, de modo que deja de cerrarse correctamente. Entonces, parte de la sangre retrocede, cambian las presiones dentro del corazón y, con el avance de la enfermedad, puede aparecer un edema pulmonar.

¿Qué cambios deberían alertar a la familia del perro?

Es habitual escuchar: “Mi perro es mayor y por eso ya no hace lo que hacía antes”. Pero no deberíamos atribuir automáticamente a la edad que deje de pasear como antes, se pare más o no quiera subir escaleras. Puede deberse a un problema cardíaco, aunque también a uno articular. Otros signos que deben llamar la atención son los desmayos e incluso episodios en los que parece que se cae o pierde fuerza en las patas traseras y se recupera enseguida.

¿Hay algo que pueda observarse en casa para saber si conviene acudir al veterinario?

La frecuencia respiratoria en reposo es un indicador muy útil, especialmente en un perro que ya tiene diagnosticada una enfermedad cardíaca. Si respira por encima de 40 veces por minuto de forma sostenida, deberíamos pedir una revisión. Si supera las 50 respiraciones por minuto, hay que acudir urgentemente al veterinario.

En las personas pensamos enseguida en el infarto. ¿También es habitual en los perros?

No. La enfermedad de las arterias coronarias y las placas de arteriosclerosis son mucho menos frecuentes en los perros, por lo que el infarto clásico que vemos en medicina humana es poco habitual. Eso no significa que sea imposible, pero las enfermedades cardíacas que encontramos con más frecuencia en veterinaria son otras, como la degeneración de la válvula mitral o la cardiomiopatía dilatada.

¿Se utilizan en perros tratamientos similares a los de las personas?

Sí. A veces las familias nos dicen que hemos recetado al perro los mismos medicamentos que toma su abuelo o su abuela. Utilizamos, por ejemplo, diuréticos y otros fármacos para tratar las consecuencias de la enfermedad. También se implantan marcapasos y se reparan válvulas mitrales. Cuando la patología coincide, algunas técnicas pueden ser similares: el ductus arterioso persistente, por ejemplo, puede cerrarse introduciendo un dispositivo mediante un catéter.

Usted ha realizado intervenciones con VClamp para reparar la válvula mitral. ¿Qué cambia para estos pacientes?

Hasta hace poco, en veterinaria tratábamos médicamente las consecuencias de la enfermedad mitral degenerativa, pero no podíamos reparar la válvula. El tratamiento puede mejorar el funcionamiento cardiovascular y controlar la congestión, aunque la enfermedad continúa avanzando. La posibilidad de intervenir permite actuar sobre la válvula y reducir la regurgitación de sangre, lo que cambia la evolución de pacientes seleccionados.

¿Qué resultados están observando?

Los resultados que estamos viendo son esperanzadores. En pacientes operados en las fases en que recomendamos la intervención, observamos supervivencias que superan las expectativas que tenían antes de la cirugía. El primer perro al que operamos de la válvula mitral en España sigue vivo tres años después y no toma tratamiento cardíaco. Aun así, necesitamos seguir estudiando los resultados a más largo plazo.

¿Hacia dónde avanza la cardiología veterinaria?

Hacia una mayor especialización. Cada vez hay profesionales centrados en el diagnóstico, las arritmias, los marcapasos, la terapia endovascular o la cirugía. Una intervención de válvula mitral requiere ya un equipo con distintos especialistas. La medicina veterinaria demanda que cada uno conozca muy bien una parte concreta del corazón.

Judit González Pernías

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