El gobierno de Donald Trump abrió la posibilidad de incorporar una tecnología militar a las operaciones de seguridad fronteriza. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, autorizó al Departamento de Seguridad Nacional (DHS) a probar un sistema conocido como “rayo de calor” a partir de un memorando obtenido por CNN.
El documento permite un préstamo temporal de siete meses, a partir de septiembre, del denominado Active Denial System o Sistema de Denegación Activa. El DHS también podrá solicitar una ampliación del período si considera necesario continuar utilizándolo.
Aunque la autorización contempla posibles operaciones en la frontera entre Estados Unidos y México, no está claro para qué actividades concretas pretende emplearlo el departamento. El memorando tampoco constituye una confirmación de que ya se haya utilizado contra personas en esa zona.
Cómo funciona el “rayo de calor” autorizado por el Pentágono
El Active Denial System emite un haz invisible de energía que provoca una intensa sensación de calor en la superficie de la piel. Según un estudio de caso de la Universidad de Defensa Nacional de 2009, el efecto resulta intolerable y genera movimientos reflejos, como agacharse o correr para apartarse.
La tecnología utiliza ondas milimétricas de 95 gigahercios que penetran aproximadamente 0,4 milímetros en la piel. Aunque se lo conoce popularmente como “rayo de calor”, técnicamente no emplea radiación infrarroja.
Funcionarios del Pentágono compararon la sensación con el golpe de calor que se percibe al abrir un horno caliente, según el medio antes mencionado. El reporte describe un efecto temporal que puede durar entre 10 y 15 minutos.
El sistema está clasificado como un arma no letal. En 2012, el Cuerpo de Marines anunció que cumplía con las obligaciones jurídicas internacionales de Estados Unidos y sus funcionarios manifestaron confianza en su seguridad. Esas declaraciones corresponden a la evaluación presentada entonces por la institución.
Quién operará el "rayo de calor" autorizado
El memorando establece que el DHS será el único responsable del empleo del equipo y del desarrollo de sus tácticas, técnicas y procedimientos. También dispone que ningún integrante del Departamento de Defensa deberá operarlo.
Aún no se detalló dónde se realizarían las pruebas, cómo se desarrollarían ni cuáles serían las condiciones para un eventual uso operativo. The Guardian pidió comentarios al Pentágono, pero el organismo remitió la consulta al DHS que compartió la declaración del Customs and Border Protection (CBP).
El ente sostuvo que evalúa continuamente nuevas tecnologías, especialmente aquellas que puedan salvar vidas y mejorar la eficacia de la seguridad nacional.
Qué dudas plantea el uso del “rayo de calor” en la frontera
Las evaluaciones previas del sistema encontraron obstáculos relacionados con su eficacia, las reglas sobre el uso de la fuerza y posibles problemas de soberanía si se empleaba contra personas que todavía estaban en territorio mexicano.
Una de las principales preocupaciones era el daño que podría provocar de manera directa o indirecta, especialmente cerca del agua. “Aunque estén llevando a la gente de vuelta al río, no quieres que se metan y se ahoguen”, explicó un exfuncionario de CBP. También cuestionó si los costos, la capacitación y las políticas necesarias justificaban su incorporación.
El sector de El Centro había evaluado años atrás si la tecnología permitiría disuadir cruces o hacer que las personas salieran del agua. Sin embargo, funcionarios también consideraron que podría aumentar la necesidad de rescates si quienes recibían el impacto quedaban incapacitados.
En 2018, la entonces secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, rechazó otra propuesta para utilizarlo contra migrantes. “El problema radicaba en tratar a los inmigrantes y a los ciudadanos como combatientes enemigos”, señaló un exfuncionario del DHS.
Los antecedentes del sistema durante el primer gobierno de Trump
La posibilidad de utilizar esta tecnología en la frontera ya había sido considerada. Durante el primer mandato de Trump, funcionarios buscaron emplearla en 2018 para impedir el cruce de migrantes.
También se había estudiado su aplicación en lugares con numerosos cruces irregulares y para dispersar multitudes, aunque no llegó a desplegarse en esas operaciones.
En 2020, la administración volvió a interesarse por el sistema para controlar las protestas en Washington tras la muerte de George Floyd.
El equipo también había sido enviado previamente a Afganistán, pero regresó a Estados Unidos sin utilizarse. La nueva autorización permite retomar su evaluación, mientras el alcance concreto de su posible incorporación a las operaciones fronterizas permanece sin aclarar.
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