En diciembre del año pasado Los Ángeles aprobó un proyecto de energía solar en un paraje recóndito, no sin antes medir el impacto que tendría sobre las especies de flora y fauna de la zona. Lo que sorprendió fue que antes de confirmar los 10 acres (unas cuatro hectáreas) flotantes, no se encontraran vireos, pero sí otras 60 especies de vida silvestre.
El proyecto piloto de energía solar flotante en el embalse de Encino del Departamento de Agua y Energía de Los Ángeles (LADWP por sus siglas en inglés), tomó forma definitiva en un texto que publicó esa entidad.
El embalse está oficialmente retirado del servicio activo de suministro de agua potable desde el año 2002, y se encuentra entre Ventura Boulevard y las montañas de Santa Mónica. Se construyó entre 1921 y 1924 y se amplió a principios de la década de 1960 antes de ser clausurado.
Además del parque solar flotante sobre el embalse, LADWP planea instalar un sistema de almacenamiento de baterías en el lado norte. Prevén que genere energía para para abastecer a más de 2.500 hogares en el año.
Lo que hallaron en el embalse: 60 especies censadas, pero ninguna en peligro
Las autoridades indicaron que desde que está en desuso, la propiedad de 960 acres (aproximadamente 390 hectáreas) que rodea el embalse permaneció cerrada al público, por lo que la vida silvestre no tuvo problemas en prosperar.
El hábitat de árboles se compone principalmente por dos especies similares de la familia botánica de Salix, el sauce de Goodding y sauce rojo. El Departamento de Pesca y Vida Silvestre de California revisó los planes del proyecto, sobre todo, por el vireo de Bell menor, una especie en peligro de extinción catalogada a nivel federal y estatal.
Este pajarito es una especie paseriforme de la familia "Vireonidae", con gran cantidad de variedades del género Vireo. Son migratorios y suelen anidar en el centro y suroeste de Estados Unidos, los inviernos boreales los pasa en el centro y sur de México y en el norte de América Central.
El sitio local especializado EcoPortal realizó un artículo sobre el proyecto en el embalse, en el que clarificó que para continuar con este el departamento necesitaba saber si estas aves cantoras utilizaban los sauces a lo largo del borde del embalse.
Se enviaron biólogos para realizar ocho viajes al lugar a lo largo de tres meses y realizar ocho censos, que requieren varias visitas durante la temporada de cría para confirmar la ausencia. Aunque el objetivo era el vireo de Bell menor, no se encontró esta especie.
Los estudios biológicos identificaron a otras 60 especies entre un anfibios, reptiles, mamíferos y, unas 54 especies de aves. Entre estas últimas, las reinitas amarillas (Setophaga aestiva, por su nombre científico) y colirrojos costeros (Phoenicurus ochruros), no catalogadas como en peligro.
La obligación sigue, a pesar de la falta de especie en peligro
El embalse sigue albergando fauna silvestre más de dos décadas después de haber dejado de almacenar agua potable, por lo que su construcción cercana y en plenas montañas de Santa Mónica, obligó a LADWP a completar una declaración conforme a la Ley de Calidad Ambiental de California.
Esta determina que los impactos incluirían tala de vegetación y efectos sobre las aves y murciélagos que anidan, pero que se tomarán medidas de mitigación para minimizar daños.
Si bien la falta de detección del vireo de Bell menor permitió eliminar algunos impedimentos y barreras regulatorias, no anuló otros requisitos biológicos. Está previsto que la construcción finalice en julio de 2027.
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