Las parejas policuriosas, las relaciones abiertas, el amor para toda la vida, los divorcios después de los 60... Son algunos de los temas que aborda la sexóloga Eva Moreno. En una sociedad marcada por las apps de citas y por nuevas formas de relacionarse, cada vez más personas cuestionan el modelo tradicional de pareja. Buscan explorar otras maneras de entender el compromiso, el deseo y la intimidad.
Según la experta, conviven dos movimientos generacionales claros. Por un lado, los jóvenes que se posicionan con menor rigidez sobre cómo debe ser una relación. Por otro, los adultos que, a partir de los 35 o 40 años, tras relaciones largas o separaciones, también empiezan a replantearse los esquemas tradicionales.
En esta entrevista con La Vanguardia, Moreno explica qué significa realmente ser una pareja policuriosa y detalla en qué se diferencia de una relación abierta. Además, reflexiona sobre si el amor puede durar toda la vida y analiza por qué divorciarse después de los 60 no es un fracaso, sino, en muchos casos, un acto de honestidad y de crecimiento personal.
¿Qué son las parejas policuriosas?
Nos encontramos con una generación joven que ya se posiciona con una mentalidad menos rígida respecto a cómo debe ser una relación. Y, por otro lado, generaciones a partir de los 35 o 40 años que, tras relaciones largas o después de una separación, también empiezan a cuestionar el modelo tradicional. En ese autochequeo emocional y sexual, se dan cuenta de que quieren vivir otras experiencias, que no desean limitarse a una única persona o a un único modelo.
Cuando estas personas, que han hecho un trabajo emocional previo, están en pareja y, desde una buena comunicación, expresan sus curiosidades, deseos y necesidades, lo hacen desde un lugar honesto. Lo comunican desde lo que sienten y quieren, sin mentiras ni disfraces. Esto conlleva saber poner palabras a lo que siento, a mis fantasías, llegar a acuerdos y, al mismo tiempo, escuchar y respetar las necesidades del otro.
¿En qué se diferencia de una relación abierta?
Cuando hablo de relación abierta, hablo de pactos ya establecidos, de un contrato claro de apertura. Ya nos hemos definido como relación abierta y hay acuerdos concretos. En cambio, una pareja policuriosa está en un nivel incluso de menos acción. Es un espacio donde dialogamos y podemos expresar curiosidades sin censura. Tal vez no se lleven a cabo, pero existe la confianza para decirlas. Por ejemplo, muchas personas en relaciones cerradas tienen curiosidades, pero no se atreven a contarlo por miedo a la reacción de su pareja. En las parejas policuriosas no existe esa censura. No significa que lo vayan a hacer, pero se puede hablar.
¿Qué beneficios tiene para la pareja?
Es un espacio de sinceridad que fortalece la relación. Muchas parejas fracasan en la intimidad porque el deseo decae y se reduce la actividad sexual. A través de esta comunicación curiosa se activa el deseo. La relación necesita “vitaminas”. Si alimento las rutinas y la logística, pero descuido la intimidad, algo falla.
¿Existe realmente el amor para toda la vida?
El amor para toda la vida puede existir, pero no pasa solo. Hay que cuidarlo. Y eso implica cuidarme a mí misma, atender mis necesidades y compartirlas. Muchas parejas se separan a partir de los 60 años después de décadas juntas. Han sostenido la relación por convencionalismos, por los hijos o por el qué dirán. Cuando ya no sienten esa obligación, se enfrentan a la realidad y comparten cama con alguien con quien ya no tienen conexión. En mi experiencia, en relaciones heterosexuales suelen ser las mujeres quienes toman la decisión.
¿Veríamos menos divorcios tardíos si existiera esta comunicación más flexible y honesta?
Sin duda. Soy muy esperanzada con las nuevas generaciones, que tienen menos prejuicios y más conciencia sobre su sexualidad y orientación. La base es la buena comunicación. Si puedo comunicarme desde la honestidad en la intimidad, eso se traslada a todos los ámbitos de la relación. Lo que pasa en la cama influye fuera de ella, y viceversa.
Para algunas personas, el divorcio después de toda una vida en común se percibe como un fracaso.
Para nada. En parejas de largo recorrido, la decisión suele llevar años de reflexión. No lo veo como un fracaso, sino como un acto de valentía y de amor propio. Incluso como un acto de amor hacia la otra persona, porque si ya no puedes querer bien, lo más honesto es permitir que cada uno siga su camino. Por tanto, divorciarse después de los 60 no es un fracaso, es un acto de valentía y no se debería aguantar la relación por los hijos o por convencionalismo. Separarse implica atravesar dificultades emocionales y económicas, pero cuando alguien decide hacerlo, suele ser un paso de gran crecimiento personal.
La Vanguardia.
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