El presidente de Castilla y León, el popular Alfonso Fernández Mañueco, y el vicepresidente primero, Carlos Pollán, de Vox, exhibieron sintonía este martes en una comparecencia conjunta para presentar su pacto de Presupuestos para 2027. En las primeras cuentas tras el acuerdo de Gobierno con la extrema derecha que incluyó la polémica “prioridad nacional” de los españoles frente a los extranjeros, la preferencia de los nacionales sobre los inmigrantes no apareció por ninguna parte. Mañueco y Pollán aparcaron las diferencias y se esforzaron en cumplir con la estrategia de “gobernar con Vox sin dar miedo” que los populares, según fuentes de este partido, se han impuesto en las comunidades autónomas que han hecho de avanzadilla de los acuerdos con la extrema derecha. La imagen de complicidad entre los dos partidos en Castilla y León no es una excepción. Los líderes de PP y Vox, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal, han sincronizado la estrategia y están evitando el choque en la precampaña hacia el 29-N. “El cambio está por encima del PP”, enfatizó ayer el líder de los populares, que ya no reclama un Gobierno en solitario.
Todo está subordinado, en las autonomías y en la estrategia nacional, a allanar el acceso al poder de la derecha tras las elecciones generales del 29 de noviembre. De ahí que las direcciones del PP y Vox hayan suscrito una suerte de pacto tácito de no agresión, a diferencia de la campaña de las pasadas elecciones de 2023, en la que el choque fue constante. Ahora, fuentes de ambas cúpulas confirman que, tras el ciclo electoral en las autonomías gobernadas por el PP este año, la apuesta es aparcar los ataques mutuos y centrar el tiro en el Gobierno de Pedro Sánchez. Génova y Bambú tienen, además, una vía de contacto frecuente y bien engrasada desde que sellaron la paz en las negociaciones autonómicas.
Esa especie de acuerdo de no agresión se percibe en las declaraciones de Feijóo y Abascal de los últimos días, en las que ambos evitan confrontar, y en su disposición a entenderse para gobernar conjuntamente tras el 29-N. El líder del PP mostró ayer su “respeto” a Vox, al que atribuyó “legitimidad democrática total” como tercera fuerza política, y abrió la puerta a un acuerdo con Abascal para llegar a La Moncloa. “Si usted quiere un cambio”, reflexionó en una entrevista en Esradio, “sea respetuoso con los resultados”. “Si el objetivo es un cambio, tenemos que ser consecuentes. [Con Vox] Ni cordón sanitario ni cordón umbilical”, remarcó.
Preguntado por estas palabras, un alto cargo de Vox consideró este martes normal que “el PP quiera afirmar su autonomía” y afirme que no va a depender de los ultras, pero se felicitó de que ya no haya cordón sanitario a su partido. Los ataques a Vox y las constantes ofertas de mano tendida a los socialistas son, junto al exceso de confianza, los factores que, según el análisis de la formación ultra, explican que en 2023 la mayoría absoluta de las derechas que anticipaban las encuestas no se plasmara luego en las urnas. Ahora, PP y Vox se han conjurado para no repetir los mismos errores y eso pasa, en primer lugar, por un pacto tácito de no agresión.
En esa entrevista, de forma significativa, Feijóo no dijo en ningún momento que pretenda un Gobierno en solitario, algo que sí reclamaba constantemente en las pasadas elecciones generales, y en su lugar pidió un apoyo amplio “para hacer bien y rápido” lo que cree que tiene que hacer, pero sin cerrarse a una coalición con la extrema derecha. “Vox no es nuestro enemigo ni nuestro adversario. Nuestro adversario son las políticas de Sánchez”, defendió el líder del PP, y reconoció que, en estos momentos, la prioridad es desalojar a la izquierda del poder, aunque tenga que ser de la mano de la extrema derecha. “El cambio político en mi país”, remarcó Feijóo, “está por encima del PP y por encima del candidato del PP”.
La misma sintonía emite Abascal, que ha dejado de lado los ataques al PP y, en cambio, proclama que su “voluntad de entendimiento” con el PP es “aún mayor”, como dijo en una entrevista en ABC este pasado fin de semana. Abascal pidió en esa entrevista un “apoyo mayor” a los votantes de la derecha para poder influir más en un eventual Gobierno conjunto con el PP, y reclamó a los populares que rompan sus acuerdos “con los tránsfugas socialistas y con los islamistas en Ceuta y cualquier tipo de coalición en el Parlamento Europeo”.
El líder del PP ya había abierto el pasado junio las puertas a un Gobierno de coalición con Vox. Lo hizo tras el cierre de los acuerdos autonómicos en cuatro comunidades con la extrema derecha (Extremadura, Castilla y León, Aragón y Andalucía), cuando el PP asumió que necesitaría a Vox para gobernar. Feijóo eligió un programa de máxima audiencia como El Hormiguero para dejar atrás su compromiso de evitar una coalición con Vox. “En el caso de que tengamos que hacer un acuerdo y una coalición de gobierno”, dijo entonces en referencia al partido de Abascal, “nos sentaremos y haremos una coalición de gobierno de acuerdo con los principios básicos de nuestros partidos, buscando una serie de líneas rojas que yo no estoy dispuesto a traspasar”.
Feijóo abandonó entonces su compromiso en el congreso nacional del PP de julio de 2025, en el que proclamó que quería un Gobierno en solitario porque “el único Gobierno de coalición no ha funcionado”. Aunque quiso dejar claro que no haría un cordón sanitario a la extrema derecha, se refería a que podría llegar a acuerdos parlamentarios con el partido de Abascal, pero el PP remarcó que el líder estaba asumiendo un compromiso de no tener a Abascal de vicepresidente. “El compromiso de Feijóo es un Gobierno en solitario. No habrá un Gobierno de coalición”, enfatizó el día después su mano derecha, el secretario general del PP, Miguel Tellado.
Ahora, un año después y a las puertas de las elecciones decisivas en las que el PP cree que al fin alcanzará el poder, el líder del PP ya no sitúa como una prioridad absoluta un Gobierno en solitario y admite que el cambio está por encima de su partido. Feijóo tiene pendiente explicar ahora cuáles serán sus condiciones a ese eventual acuerdo con Abascal, aunque el equilibrio de fuerzas será clave. La incógnita ya no es si pactará con Vox, sino desde qué posición de fuerza lo hará.
