Un abrazo, nada más, pero con ganas de que se contagie. Este domingo 4 de octubre, a las 19 y durante 20 minutos, el entorno del Planetario Galileo Galilei será escenario de "Un abrazo por la humanidad", una convocatoria nacida en Asís que invita a detenerse unos minutos y abrazar a otro, sin importar quién sea.

La idea fue impulsada por Alejandro Guillermo Roemmers, escritor, empresario, filántropo y productor audiovisual. En 2023 recibió el Premio San Francisco de Asís, que otorga la Pontificia Universidad Antonianum de Roma, de la Orden Franciscana, en reconocimiento a su vocación franciscana, su labor humanística y su compromiso con la promoción de valores espirituales.

La fecha no es casual. Este 2026 se cumplen 800 años de la muerte de San Francisco de Asís, ocurrida el 3 de octubre de 1226. Su figura y su mensaje de fraternidad son la inspiración de una propuesta que, según aclaran los organizadores, busca ir más allá de cualquier pertenencia religiosa.

Los organizadores eligieron el Planetario por su carga simbólica: su cúpula representa el cielo que todos compartimos, un espacio que no distingue culturas, nacionalidades, creencias ni formas de pensar. Por eso proponen que, si técnica y operativamente fuera posible, la estructura se ilumine de manera especial y proyecte la palabra PAZ.

La convocatoria está dirigida a creyentes y no creyentes, a personas de todas las culturas y nacionalidades. Los organizadores subrayan que no se busca crear una organización ni un movimiento, que no tiene fines políticos ni comerciales y que no contempla recaudar fondos. La consigna es deliberadamente sencilla: quien quiera podrá abrazarse con otra persona, esté donde esté.

El llamado llega en un contexto mundial atravesado por conflictos, divisiones y temores. "Hay momentos en la historia, como este, en que no basta quedarse a un lado y mirar cómo el miedo, la división y el enfrentamiento nos llevan a la oscuridad y la destrucción", expresó Roemmers. Y aclaró que nadie pretende que un abrazo frene una guerra o resuelva por sí solo los grandes problemas del planeta: la idea es recordar que, más allá de las diferencias, existe una humanidad compartida.

"Tal vez el mundo no cambie esa noche. Pero quizá cambien dos personas. Y después otras dos. Y otras dos", sostuvo el empresario. Para quienes no puedan llegar al Planetario, la invitación sigue en pie: el 4 de octubre, en cualquier rincón, detenerse unos minutos y abrazar al otro.

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