Hasta el último domingo, Marcos Juárez era "el cementerio de las encuestadoras", definición acuñada luego de la elección municipal de 2022, cuando las predicciones quedaron pedaleando en el aire.

También era un bastión del voto antiperonista y una ciudad mitificada por el PRO, que creyó encontrar allí su paraíso electoral y a la encarnación de su votante arquetípico.

El aplastante triunfo del candidato a intendente Germán Font, el peronista que "se sacó el ropaje del peronismo", según definieron los cordobeses, dinamita una parte de esas creencias. Veamos.

¿Fallaron los instrumentos que permiten anticipar la dinámica electoral? La sorpresa por el resultado indica que sí, que otra vez las encuestas no alcanzaron a construir proyecciones eficaces para el análisis. Peor aún: en la previa confundieron al describir un escenario dividido en cuatro espacios políticos repartiéndose las preferencias de los vecinos. Una supuesta paridad que, visto el resultado posterior, se asemejó a un ejercicio de ficción.

Font ganó con el 46% de los votos, y Dellarrosa, ex intendente y hombre del PRO, fue segundo arañando el 20%. Una paliza que nadie vio venir, al menos con semejante magnitud. La mención a la magnitud no es gratuita. El crecimiento en la intención de voto de Font había sigo registrado en las semanas previas, pero ningún análisis se atrevió a proyectarlo como ganador con más del doble de votos.

Primera conclusión provisoria: la sorpresa, es decir el desajuste entre el resultado y las expectativas previas, continúa siendo una posibilidad de primer orden de cara a un comicio futuro. Cualquier certidumbre debe ser necesariamente relativizada.

Ese desconcierto habla de los instrumentos de los encuestadores, pero, más importante, también define la volatilidad de las adhesiones, que cada vez parecen responder más a lo que despierte un candidato en particular, que a su afiliación partidaria.

Aunque con una trayectoria política detrás, Font encarnó la renovación generacional y se presentó como "la cara nueva" para el electorado de esa ciudad. Por eso, quizás, deberían reaccionar con cautela aquellos que desde el peronismo/kirchnerismo ven en el resultado un augurio de éxitos hacia el futuro. Dependerá de si el electorado apuesta al cambio o no, y de cuánto cambio puedan representar. No es novedad, claro. Pero no está mal recordarlo.

¿El ausentismo en las urnas es una señal en el mismo sentido? En la ciudad cordobesa, de 24.806 ciudadanos en condiciones de votar, casi diez mil prefirieron no hacerlo. Según los datos de la Junta Electoral, votó el 62,5% del padrón, un total de 15.495 personas, unos 8 puntos porcentuales menos que en 2022.

Para decirlo de una manera que exponga con contundencia el dato, quienes no fueron a votar representaron el grupo más grande si se lo compara con los votos recibidos individualmente por cada candidato. La cifra es aún más llamativa si se considera que hubo siete candidatos, cantidad que lejos de ser asumida como una ampliación de la oferta fue interpretada como un exceso de internas que desalentó el voto de los vecinos.

Con exageración descriptiva podría interpretarse que hoy para los votantes la alternativa es el cambio o la nada. La prescindencia puede indicar desencanto con los candidatos, pero también, y más grave, con la política en general.

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