A lo largo de la vida, las personas acumulan objetos que cumplen funciones distintas. Algunos son útiles, otros representan momentos importantes y muchos quedan asociados a familiares, viajes, trabajos o acontecimientos que ya forman parte del pasado.

Por eso, una casa puede convertirse en una especie de archivo personal. Una caja con cartas, una vajilla que se utilizó durante décadas o una herramienta que perteneció a un padre pueden conservar un significado que no tiene relación con su valor económico.

Con el paso de los años, sin embargo, las necesidades cambian. Una persona puede dejar de utilizar determinados objetos, mudarse a una vivienda más pequeña o comenzar a pensar quién podría aprovechar aquello que ya no necesita.

La psicología y la gerontología estudian esta relación entre las personas mayores y sus pertenencias. Las investigaciones muestran que desprenderse de objetos no siempre constituye una simple tarea doméstica: también puede involucrar identidad, recuerdos, vínculos y la manera en que una persona interpreta su propia trayectoria.

Regalar cosas a los 70 no es deshacerse de lo innecesario

Los objetos personales pueden funcionar como representaciones materiales de una vida. Un estudio publicado en Journal of Aging Studies analizó el significado de las pertenencias para 88 personas mayores y encontró que podían simbolizar relaciones, aspectos del propio yo, recuerdos y experiencias del pasado.

El sociólogo David J. Ekerdt, profesor de la Universidad de Kansas y especialista en envejecimiento, estudió durante años lo que ocurre con las pertenencias en la segunda mitad de la vida.

En un trabajo publicado por Generations, explicó que las personas acumulan objetos mientras desarrollan sus distintos roles —como padres, trabajadores o integrantes de una familia— y que, con el tiempo, esas posesiones pasan a convertirse también en una cuestión social: alguien tendrá que decidir qué ocurre con ellas.

Regalar una pertenencia puede ser una de esas formas de decidir su destino. Y el receptor puede ser tan importante como el objeto.

Qué pueden representar los objetos que se regalan.

- Una historia familiar. Una vajilla, un reloj o una joya pueden estar relacionados con padres, abuelos, matrimonios o celebraciones.

- Una etapa de trabajo. Herramientas, libros o instrumentos pueden recordar un oficio o una profesión.

- Un recuerdo. Fotografías, cartas y objetos de viajes pueden conservar experiencias que ya no se repiten.

- Un vínculo. Entregar una pertenencia a un hijo, nieto o amigo puede mantener asociada esa historia a otra persona.

- Una continuidad. El objeto cambia de dueño, pero parte del significado que tenía para quien lo entrega puede acompañarlo.

Ekerdt y sus colaboradores también estudiaron cómo las personas mayores distribuyen sus pertenencias. En las entrevistas realizadas para su investigación, algunos participantes expresaron satisfacción cuando encontraban a alguien que valoraba un objeto que ellos ya no necesitaban. En ciertos casos, incluso objetos que el propietario no consideraba especiales adquirían un nuevo significado cuando otra persona los reclamaba.

Esto ayuda a explicar por qué regalar no es lo mismo que tirar. Cuando una pertenencia pasa a otra persona, puede conservarse una parte de la historia asociada con ella.

Otra investigación, publicada en The Gerontologist, estudió 75 hogares durante procesos de mudanza y reducción de pertenencias. Los autores observaron que las personas mayores podían preocuparse por encontrar un destino adecuado para objetos queridos y por transmitir, junto con ellos, valores o recuerdos.

La relación tampoco funciona igual para todos. Una revisión publicada en Current Opinion in Psychology señala que el vínculo con los objetos cambia a lo largo de la vida y que existen diferencias individuales importantes en la manera en que las personas mayores se relacionan con sus pertenencias.

Por eso, comenzar a regalar cosas después de los 70 años no permite por sí solo interpretar qué está atravesando una persona. Puede responder a una mudanza, a cambios en las necesidades cotidianas, al deseo de ordenar la casa o a la intención de que determinados objetos queden en manos de alguien cercano.

En algunos casos, sin embargo, el acto tiene una dimensión biográfica: no se entrega solo una herramienta, un anillo o un plato, sino un objeto que durante años estuvo integrado a una historia personal.

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