Jeremiah Johnston, bestseller del New York Times por “Los descubrimientos de Jesús” y experto en el Nuevo Testamento, dice estar cerca de saber quién fue el hombre que ayudó a Jesús a cargar con la cruz donde sería crucificado.
Según le explicó al Daily Mail, el nombre de esta persona pudo haber sobrevivido durante 2.000 años tallado en un osario. El cofre de piedra caliza, descubierto en una tumba de Jerusalén en 1941, lleva la inscripción “Alejandro, hijo de Simón”, un parentesco que coincide con una relación padre e hijo descrita en el Evangelio de Marcos.
Ahora bien, ¿cómo saber si el nombre tallado en el osario se refiere a una familia bíblica o simplemente es pura coincidencia?
Para Johnston, la conexión puede ser real
Según la Biblia, Simón era un transeúnte que venía del campo cuando los soldados lo obligaron a ayudar a Jesús a cargar la cruz a través de Jerusalén. Marcos 15:21 dice: “Un hombre de Cirene, llamado Simón, padre de Alejandro y Rufo, pasaba por allí de regreso del campo, y lo obligaron a cargar la cruz”.
En la entrevista, Johnston confirmó que “es muy plausible, si no probable” que los nombres descritos en la Biblia y los inscritos en el cofre pertenecieron a la misma familia. “Tenemos a un tal Simón, un hijo llamado Alejandro y una familia de Cirene enterrados en Jerusalén en la época adecuada, antes del 70 d. C.”.
Además, en la tapa del cofre aparece una inscripción en hebreo que refiere a la ciudad del norte de África asociada con Simón. “La coincidencia del nombre, el hijo, el origen cireneo y la fecha es sorprendente. En mi opinión, todo apunta a una conexión real”, se arriesgó el especialista.
A su vez, Johnston llamó a la mesura al afirmar que Simón era el nombre judío “más común” de la época, “y Alejandro también era popular”.
Otras miradas sobre el osario y su posible vínculo con Simón
La posible relación entre el osario y la familia de Simón de Cirene no es una hipótesis nueva.
El arqueólogo israelí Nahman Avigad, que estudió el conjunto y publicó los hallazgos en 1962, ya reparó en la coincidencia, aunque se mostró escéptico ante la posibilidad de identificar al Simón de la inscripción con el personaje mencionado en los Evangelios.
Uno de los principales argumentos para la cautela era la misma que advirtió Johnston: Simón y Alejandro eran nombres habituales entre los judíos de aquella época. Por eso, encontrar a un “Alejandro, hijo de Simón” en una tumba del siglo I no bastaría por sí solo para establecer una relación con el relato de Marcos.
El dato que hace más llamativo el hallazgo es su conexión con Cirene. Sin embargo, incluso ese punto generó discusión. La palabra hebrea grabada en la tapa presenta problemas de lectura debido al estado de la inscripción y se debatió si debe interpretarse como una referencia a un “cireneo”.
A favor de esa lectura juega el resto de la tumba: otro osario menciona a Sara, hija de Simón, de Ptolemais, una ciudad de la región de Cirenaica, y varios de los nombres hallados allí eran frecuentes entre los judíos de esa zona del norte de África.
Otros investigadores dieron más peso a la suma de coincidencias. El estudioso Tom Powers, por ejemplo, sostuvo que el origen cireneo de la familia, unido a los nombres de Simón y Alejandro y a la fecha de la tumba, convierte la identificación en una posibilidad seria.
Así, el osario puede considerarse una pieza arqueológica compatible con la familia descrita en Marcos, aunque no existe una prueba que permita afirmar que perteneció al hijo del hombre que cargó la cruz de Jesús.
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