PSOE y Frente Amplio irán juntos al Senado en casi toda España, con una lista llamada Senado de Progreso. Ese movimiento estratégico tiene ahora un eco en la derecha: Vox estudia no presentarse en varios territorios para no dividir el voto conservador. Tiene hasta el lunes 26, cuando se cierra el plazo de candidaturas. Son movimientos que pueden decidir quién controla la Cámara alta.
Los acuerdos importan porque el sistema electoral del Senado es muy mayoritario: premia al partido más votado de cada provincia y tritura a los terceros. Cada provincia elige cuatro senadores, pero cada votante marca solo tres nombres (casi siempre de su partido favorito). Así, el más votado suele llevarse tres asientos y el segundo, el cuarto. Imaginen tres fuerzas con el 35%, el 33% y el 32% de los votos: la primera sacaría tres senadores, la segunda uno y la tercera ninguno. Por eso en 2023 Vox y Sumar, con más del 12% de los votos al Congreso cada uno, no consiguieron ningún senador en sus listas en solitario. Y por eso compensa unirse.
¿Cómo puede cambiar el resultado con estos movimientos? Hemos simulado las elecciones partiendo del voto que estiman las encuestas al Congreso y de su margen de error.
El movimiento de la izquierda
Sin acuerdos de ningún tipo, PP y Vox habrían sumado la mayoría absoluta del Senado (134 senadores, contando los designados por los parlamentos autonómicos) en el 85% de las simulaciones. Pero la lista conjunta de la izquierda cambió esas cuentas. Si sus votantes le son fieles, PSOE y Frente Amplio pasarían de unos 63 senadores elegidos a unos 84. La probabilidad de que PP y Vox tengan mayoría bajaría al 60%. Y la de que alcancen los tres quintos, del 50% al 20%. Esa es la mayoría ampliada que permite elegir a los miembros del Tribunal Constitucional, del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal de Cuentas que corresponden al Senado, además de la ratificación del nombramiento del Defensor del Pueblo.
La decisión de Vox
PP y Vox ya no pueden ir en coalición, porque el plazo acabó el viernes pasado. Pero Vox puede no presentar listas allí donde divide el voto de la derecha. Hemos simulado dos opciones sobre la mesa de la negociación entre las dos formaciones, ninguna aún confirmada: retirarse en 13 o en 19 territorios.
Si Vox se retirara en los 13 territorios y sus votantes eligieran a los candidatos del PP, la mayoría de PP y Vox volvería a ser probable: tendría un 75% de opciones. Con la segunda, retirándose en 19, sería muy probable: un 90% con las encuestas actuales. La mayoría de tres quintos, en cambio, seguiría a cara o cruz (49%), porque parte de los senadores que gana el PP los pierde Vox.
Una advertencia: en estos escenarios atribuimos al PP todos los senadores de su lista. Pero una de las fórmulas que se negocian es que Vox no se presente y, a cambio, incluya candidatos en las listas populares. En ese caso, parte de esos senadores serían de Vox. Para la mayoría de la derecha es irrelevante (siempre que los votantes del PP marquen también al candidato de Vox en su lista).
La llave la tienen un puñado de provincias donde el PP y la lista de la izquierda tienen opciones parecidas de ganar: Jaén, Córdoba, Alicante, Sevilla, Granada, Zaragoza, Guadalajara, Cáceres, Badajoz o Huelva, entre otras. En cada una se juegan tres senadores contra uno. Es ahí donde la retirada de Vox puede cambiar el equilibrio total.
Es importante recordar que estos son cálculos aproximados. Nuestros números parten del voto que estiman hoy las encuestas al Congreso, y esas estimaciones pueden moverse en las cinco semanas que quedan de campaña. Además, asumen que cada votante marca los tres candidatos de su partido, que los votantes de PSOE y Frente Amplio siguen a la lista conjunta y que los de Vox votan al PP en las provincias donde renuncie a presentarse. En realidad, en el Senado habrá algún voto personal y papeletas mezcladas. Pero la conclusión es clara: el Senado podría depender de lo que Vox decida antes del lunes.
Metodología. Hemos estimado el voto en cada provincia a partir de nuestro modelo de generales: 1) partimos del voto estimado por el promedio de encuestas; 2) estimamos el voto en cada provincia a partir de ese promedio, usando como referencia los resultados de las generales de 2023 (y de las europeas de 2024 para los partidos que entonces no se presentaron por separado); 3) incorporamos la incertidumbre de las encuestas teniendo en cuenta su precisión histórica y la distancia hasta la fecha de votación; y 4) simulamos 20.000 elecciones, variando en cada una los votos y repartiendo los senadores con la hipótesis de que cada votante marca a los candidatos de un solo partido: en cada provincia, tres para el más votado y uno para el segundo (en las islas y en Ceuta y Melilla, según su número de senadores).
Para las listas conjuntas sumamos los votos de sus partidos y, donde Vox se retira, su voto pasa al PP. Las islas toman el voto de su provincia corregido por su resultado en 2023. Al Senado elegido sumamos los 58 senadores designados por los parlamentos autonómicos, 23 de ellos del PP y 5 de Vox.
Como comprobación, aplicamos la regla del voto en plancha al voto real al Congreso de 2023, como si conociéramos el resultado del Congreso pero no el del Senado: acierta el reparto del Senado salvo en cuatro de los 208 senadores (da al PP 122, que sacó 120, y al PSOE 72, que sacó 73).

