La Cuestión Malvinas se ha transformado en una suerte de balsa en medio de un océano que, por ahora, se presenta turbulento para un Gobierno cuyo principal objetivo es correr detrás de la reelección de Javier Milei.

“Nosotros privilegiamos la reelección de Javier”, repite Karina Milei a todo gobernador aliado con el que se reúne. Esa máxima encierra un significado más amplio; la Casa Rosada no postulará a un candidato violeta para que compita con ese mandatario provincial en la elección local. Claro que hay una contraprestación. El gobernador no tendrá que sumarse a otra alternativa electoral en 2027 y, además, debe ceder lugares en las listas de candidatos a diputados nacionales y, eventualmente, a senadores nacionales. En este punto puede abrirse una disputa.

Algo cambió respecto de los acuerdos que se cerraron para la elección legislativa del año pasado: al menos cinco gobernadores aliados coinciden en que Milei ya no mide los 50 puntos o más que ostentaba en 2025. Hoy, como denominador común, se ubica en los “treinta y pico”, que pueden ser 33 o 38 puntos, según el distrito. En esas provincias la diferencia la ha capitalizado, en parte el peronismo y otra proción el partido gobernante, pero no tienen por dueño todavía a un candidato nacional.

Ese escenario, percibido por los mandatarios, le saca al oficialismo el control de la agenda legislativa pero también impactará en las negociaciones de alianzas en función de las listas de legisladores nacionales. Por un lado, la oposición aliada viene de voltearle en comisión el tratamiento del Super Rigi y de marcarle la cancha imponiéndole el tratamiento de los proyectos de prórroga de la emergencia en discapacidad y la iniciativa para paliar la situación de los deudores morosos. Pocas veces se ha visto en alguna de las cámaras -Diputados y Senado- que dos propuestas se aprueben con 249 votos a favor.

La otra preocupación para la Casa Rosada serán las listas. Varios gobernadores empiezan a delinear que el reparto en la elección del 2027 no puede ser igual que en 2025 porque el gobierno nacional está más débil y la imagen presidencial en declive. Utilizan como ejemplo que el año pasado el tándem entre Karina Milei y los Menem imponía los nombres. Incluso en Corrientes, quisieron nombrar al candidato a gobernador y Gustavo Valdés lo rechazó, y por eso no hubo entendimiento. “Las cosas cambiaron y la negociación también; ya no pueden pedir la misma cantidad de diputados”, asegura un gobernador afín.

Un referente del norte describe el presente que atraviesa el oficialismo. “Hoy el electorado está dividido en tres partes: un tercio anti Milei, un tercio con Milei pero con menos convicción y un tercer tercio que no sabe”, describe. Acto seguido reconoce que el Presidente no ha logrado ser el líder de un frente homogéneo como lo fuera Mauricio Macri con Cambiemos o Juntos por el Cambio, que aglutinaba a casi todo el anti kirchnerismo. Hoy Milei encabeza una coalición heterógenea, deja varios eslabones sueltos, y dentro del mismo espacio ideológico tiene potenciales competidores como Hernán Lacunza, Jorge Brito, Daniel Hadad o Victoria Villarruel, si finalmente se lanza. Todos podrían quietarle puntos valiosos.

Algo en esa línea pretende tejer el jefe de Gabinete, Diego Santilli, para su candidatura a gobernador en la provincia de Buenos Aires. Reunir a todas aquéllas fuerzas anti kirchneristas detrás de su postulación. Sería lo más lógico, ya que desde el riñón de La Libertad Avanza hay importantes dirigentes que admiten que “va a ser muy difícil ganarle al peronismo la gobernación” y deslizan que, si las elecciones fueran hoy, las perderían.

Con la inflación no alcanza

La mejor noticia de la semana fue la nueva caída de la inflación al 1,7%, la más baja en los últimos 14 meses que, sumado al fortalecimiento de las reservas del Banco Central y a los instrumentos con los que cuenta para evitar una eventual corrida son claves, y en otros tiempos su ausencia generó una catástrofe en la economía, como durante la gestión de Alberto Fernández.

El problema reside en que el alza de precios ha dejado de ser la principal preocupación de la sociedad cuyo reclamo pasa por el dinero que no le alcanza, el empleo, los salarios, la suba de las tarifas de los servicios públicos y el endeudamiento. Todo en un contexto de una caída del consumo que provocó una baja de la recaudación tal que, entre otros factores, obligó al Gobierno -como publicó Clarín- a aumentar el recorte del gasto público en 2026 proyectándose en un 5,4%, el año con mayor ajuste de los tres de la administración libertaria. ¿Cuándo será el turno de la producción?

El plan original y a largo plazo de Milei al llegar al poder era lograr cuatro años después su reelección, manejando dos variables: la baja de la inflación y el control de las calles, erradicando los piquetes. Ambos puntos son dos de los principales logros de la gestión libertaria. Pero la sociedad los hizo propio y nadie preveía que la situación de la microeconomía sería la que hoy sufren millones de argentinos. ¿Alcanzará de todos modos para la reelección? No hay respuesta, aún.

A diferencia de los ’90 y de algunas décadas posteriores, desde hace un tiempo la dirigencia política, la opinión pública tradicional y los debates espontáneos -no, los digitados por trolls- en las redes sociales parecen haber olvidado de los jubilados. Como la inseguridad, son flagelos que han sido naturalizados, salvo algunas polémicas aisladas en episodios excepcionales o espectaculares: nunca se podrá vivir seguro en algunas zonas como el conurbano bonaerense, nunca van a tener una remuneración digna los jubilados se erigen como premisas aceptadas.

De acuerdo a datos del INDEC de agosto, para que un adulto no sea pobre debe ganar 519.578 pesos. La jubilación mínima en agosto, incluido el bono adicional y no remunerativo de 70 mil pesos, alcanza los 489.775,92 pesos. Se estima que más de 5 millones de jubilados cobran la mínima. Es decir, hay al menos 5 millones de jubilados que perciben ingresos de pobres.

No hay dudas que el sistema previsional está quebrado producto de administraciones como el kirchnerismo que permitieron el ingreso desmedido de nuevos jubilados sin aportes y utilizaron los recursos de Anses para financiar gastos corrientes. Pero la desidia del actual Gobierno queda reflejada en un detalle: hace 30 meses que el bono que reciben quienes cobran la mínima es de 70 mil pesos. Si se hubiera actualizado de acuerdo a la inflación de la gestión libertaria, hoy debería ser de 219 mil pesos. Al menos, sólo a nivel estadístico, no de una vida más digna, 5 millones de jubilados hoy no serían pobres. A nadie le importa.

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