Poco después de que saltase la noticia de que Maricarmen Abascal había fallecido, una de sus vecinas del edificio de Sainz de Baranda rebuscó en un cajón un pedazo de papel adhesivo para escribir unas líneas. Luego, se acercó a la puerta de la casa donde la mujer de 87 años había vivido las últimas siete décadas antes de ser desahuciada y lo pegó. “Descansa en paz, Maricarmen”, decía el pequeño cartel. Debajo de esa frase también había dibujado un corazón con rotulador negro. Sacó una foto para enviarla a unos familiares y regresó entre lágrimas a su casa. “Maricarmen ha perdido la vida luchando”, cuenta esta vecina, que pide no ser identificada.

Esta mujer explica que las últimas semanas le ha afectado mucho ver la impotencia con la que Maricarmen ha peleado hasta el final “contra algo más grande que ella” y lamenta también que haya tenido que “tragar estos años” con un proceso largo para que no la echasen de su casa. Conocía a Maricarmen desde hacía años y cuenta que en pocos años el peso del proceso fue minando su salud. “Le ha chupado toda la vida. Antes de que empezase todo parecía otra persona”, dice. Este jueves por la mañana, después de la noche de la muerte de Maricarmen, ha salido a la calle y se ha topado con otros mensajes de condolencias en el portal y con un altar de velas y flores.

No es la única vecina que conocía a la anciana desde hace unos años. “Teníamos la típica relación de vecinos: le ayudaba con la compra, charlábamos…”, comenta otro residente del mismo edificio. Durante los últimos días, comenta, ha estado preocupado e indignado por cómo el caso estaba minando la salud de la mujer. “Era una persona muy vital. El desahucio acabó con ella”, explica este hombre, que lamenta que la anciana no pudiera regresar a su casa para pasar sus últimos días. Maricarmen falleció en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, donde estaba ingresada desde que fue desahuciada el 24 de septiembre.

Este vecino la recuerda antes de la mediatización de su caso como una mujer “enérgica”, “activa” y “amable”, aunque en los últimos años había dejado de salir tanto a la calle. “No era la típica señora entrañable, pero ¿se necesita serlo para que no te echen de tu casa?”, subraya. Este vecino relata que ningún reportero le ha preguntado por su relación con Maricarmen. Por esta razón, cuenta, le ha sorprendido lo que varios medios titulasen reportajes con la visión de “sus vecinos del Retiro”, el barrio madrileño donde está el edificio, que la retrataban como una mujer “con malas formas” y que hacía “compras que dejaba a deber” en comercios de la zona.

Estos artículos también aseguraban que, el día en el que Maricarmen fue desahuciada y sacada en camilla de su casa, los vecinos del bloque no estaban manifestándose para apoyarla. “Es injusto decir eso. Los fondos y los precios del alquiler han expulsado a los vecinos de toda la vida del edificio. La mayoría llevan poco tiempo y ha habido mucha rotación desde la compra del fondo. Creo que muchos ni siquiera conocían lo que pasaba”, cuenta.

La historia de Maricarmen es también la del edificio donde vivía desde que tenía 17 años. Su padre alquila un sexto piso en el número 46 de la calle del Alcalde Sainz de Baranda en 1956 en un contrato de renta antigua que estaba solo a su nombre, ya que la ley franquista impedía que la madre de Maricarmen figurase en él como arrendataria. Cuando su padre fallece, el contrato se subroga a su madre y cuando esta muere en 2005 pasa a manos de Maricarmen como inquilina. Desde entonces, los propietarios no le ponen ningún problema y esta sigue pagando unos 500 euros por el alquiler del inmueble, de unos 90 metros cuadrados. La empresa Urbagestión S. L. lo compra en 2018 y dos años después le comunica que debe abandonar la vivienda. Es cuando empieza la batalla en los tribunales, que finalmente se posicionan a favor de la inmobiliaria.

El vecino de Maricarmen se lamenta: “Es muy triste. A ver lo que tardan en reformarla y venderla”. Dentro de la casa, cuenta, deben seguir muchas de las cosas de Maricarmen, ya que “no ha habido mucho movimiento desde que se fue”. De hecho, sus representantes llegaron la semana pasada a un acuerdo con la empresa propietaria para que regresara a su casa, pero falleció horas antes de firmar el nuevo contrato. “No sé cómo van a dormir por la noche los del fondo”, dice el vecino.

La abogada de Maricarmen, Beatriz Duro, acusó el miércoles por la noche que “hay culpables” de la muerte de la anciana y que el proceso de desahucio “ha sido bestial” para su salud. “Si se hubiera suspendido el desahucio, creo que no estaríamos en esta situación”, declaró en la cadena SER. El Sindicato de Inquilinas, que ha apoyado a Maricarmen en todo el proceso, que dio a conocer su caso y ha impulsado la acampada en la Puerta del Sol, ha anunciado una marcha en homenaje que partirá este jueves desde Sol hasta la antigua casa de Maricarmen.

El vecino de Maricarmen ha estado revisando desde la muerte de Maricarmen los reportajes y publicaciones sobre su vida. Por la noche vio en Instagram la foto de la puerta con el cartel y pinchó para ver los comentarios de los internautas. “Madre mía... Ya no me sorprende tanto, pero me sigue pareciendo increíble que, hasta en una historia como esta, la gente encuentre motivos de disputa y de contraposición”, dice. También hay algunos mensajes de condolencias y otros que se lamentan, que, tras el silencio que deja Maricarmen, crecen el ruido de la politización y los bulos. Así rescata uno la famosa frase del escritor Miguel de Unamuno: “Me dueles, España”.