Una vez completados los desalojos de los asentamientos de las playas, el foco del Gobierno se cierne ahora sobre las barriadas de Ceuta, donde se refugian cientos de migrantes llegados con la entrada masiva. En esos vecindarios de la periferia, como El Príncipe y Los Rosales, se cobijan desde finales de julio cientos de migrantes que cruzaron desde Marruecos. Y a los que se han sumado en los últimos días más personas que huyeron de El Trampolín, tratando de escapar de la Policía y de los traslados forzados en autobuses hasta el paso fronterizo de El Tarajal. Una vez finalizada esa fase de las playas, los agentes se preparan en estos momentos para acometer “pronto”, en las barriadas, más “operativos” como los efectuados en los campamentos sobre la arena. “Estamos en esa operación última que ahora va a ser prioritaria”, ha avanzado el ministro Ángel Víctor Torres, este miércoles, en una rueda de prensa en la ciudad autónoma.

El 5 de octubre, tras el primer día de desalojo de El Trampolín y conscientes de que cientos de migrantes habían acabado en Marruecos, muchas personas que permanecían en las chabolas aprovecharon la oscuridad de la noche para escapar de la playa, por las montañas o por las calles aledañas, sabedores de que los agentes no tardarían en volver a por más grupos de migrantes. Lo mismo ocurrió en El Guano, el último gran asentamiento que quedaba en Ceuta y que fue desalojado el pasado domingo. Horas antes de que los agentes arrancasen dicho operativo policial, decenas de personas que se guarecían en las tiendas abandonaron el lugar. El despliegue policial también terminó con más “retornos voluntarios”.

Quienes se marcharon tanto de El Trampolín como de El Guano han terminado en barrios periféricos como Los Rosales y El Príncipe. Porque lo que los migrantes tenían claro es que nadie estaba siendo sacado por la fuerza de la calle, solo de las playas. Hasta ahora. Porque el Gobierno pretende emprender con los migrantes que se refugian en las barriadas el mismo “procedimiento” que empleó en los desalojos de las playas: trasladar a los migrantes hasta el paso fronterizo de El Tarajal, donde está el Centro de Atención Temporal a Extranjeros (CATE) y obligarles a decidir entre dos escenarios.

La primera opción consiste en entrar en el CATE, ser filiados, que se inicie el proceso de devolución e ingresar en un recurso de acogida. El segundo, y en el que los policías hacen más hincapié, es decantarse por volver a Marruecos “voluntariamente” por la puerta de El Tarajal. Cientos de personas han tomado este segundo camino ante las advertencias de la Policía de que, si permanecen, finalmente serán devueltos por resolución judicial y ya no podrán poner un pie en suelo español en cinco años. Si lo hacen y son identificados, podrán ser expulsados sin problemas porque ya hay un informe previo.

Batidas con drones

La Policía ya ha hecho batidas con drones nocturnos para localizar a migrantes tanto en los montes como en las barriadas. Por el momento, La Moncloa no quiere ofrecer estimaciones de cuántas personas llegaron con el cruce masivo. El plan sobre la mesa es ir a esos vecindarios periféricos, pedir la documentación de los migrantes que continúan en la calle y, en caso de situación irregular, trasladarlos al paso de El Tarajal para enfrentarles al dilema del “retorno voluntario”. El ministro no ha precisado si esos operativos serán acometidos de manera individual o colectiva. Ha precisado que será conforme a “lo que marca la ley” y que se aplicarán los “criterios de las fuerzas y cuerpos de seguridad”, con unos operativos “como los que hemos visto” en los desmantelamientos de las playas, donde sí eran trasladados en autobuses por grupos.

El ministro ha actualizado los datos de retornos. Desde el 10 de agosto, 11.756 personas han vuelto a Marruecos: 11.225 de manera voluntaria y 531 por expulsiones (la gran mayoría por infracciones o delitos). Las devoluciones por resolución judicial todavía están pendientes, y cuyo proceso es de al menos 12 semanas.