La “chica de tapa” de esta edición de Clarín Rural es el coqueto feedlot de la cooperativa de Humboldt, en el corazón de la cuenca lechera del oeste santafesino. Allí se están engordando mil novillos Holando/Holstein, provenientes de los tambos de los socios. La nota de Mariela Vaquero te cuenta todo en detalle, pero vale la pena sumar un poco de contexto.

El novillo Holando siempre fue la cenicienta de la ganadería. Injustamente, porque es sabido que da buena calidad de carne. Pero aquí nos hicimos el ojo al novillo mestizo, donde el primer golpe de vista nos lleva a los cuartos. Así que cuando le vemos la camiseta negra y blanca ya le bajamos el pulgar.

Igual, siempre tuvo sus adeptos. En la misma zona de Rafaela muchos productores, tamberos o no, engordaban machos holando. Con buenas praderas, los llevaban a 550/600 kg. En la provincia de Buenos Aires, uno de los grandes invernadores era Adolfo Grobocopatel, habilidoso a la hora de comprar, buscando novillos recriados que hubieran hecho buen hueso, “pero chiquitos”.

Pero la mayoría de los tambos no quería saber nada. Regalaban el ternero recién parido, “húmedo”, que muchas veces ni tomaba calostro. Algunos los dejaban en la tranquera, estaqueados, para que se los llevara algún vecino. Era el ternero de los pobres, alimentado a pura banquina.

A mediados de los 90, cuando arrancaba la era del feedlot, un joven periodista, Sergio Persoglia, vio la oportunidad. Tenía contacto con Cargill, que por entonces tenía su base de alimentos balanceados en Saladillo. Allí, habían desarrollado un programa de engorde intensivo de terneros, para sacarlos “gordos” a los 350 kg. Se tiró a la pileta: armó un pequeño feedlot ahí cerca, y arrancó. Le compraba los machos recién nacidos a un importante tambo de Carlos Casares. Los criaba un ing. agr. ex La Serenísima en su chacra de 9 de Julio, y al desleche iban al corral de Saladillo. Llegaban con 70/80 kg y comían el balanceado de Cargill. Recuerdo que el tema fue nota de Clarín Rural.

Cuando estaba a pleno, le vendió el feedlot a un ganadero de mucho empuje, Carlos Marra, quien enseguida buscó escala, algo imposible de lograr con ese modelo de terneros holando criados en guachera. Así que poco a poco se fue expandiendo con novillos británicos, armó más corrales, compró otro gran corral en Las Flores, y en poco tiempo se convirtió en el feedlotero más grande del país. Todo había arrancado con los “black and white”.

El engorde de machos Holstein constituye una actividad consolidada en EE.UU. Como orden de magnitud histórico, distintas fuentes ubican la faena anual entre 2,3 y 3 millones de novillos de origen lechero. No corresponde presentar ese rango como un dato actual: el avance del semen sexado está liberando cada vez más vacas de tambo. Ya no hace falta preñar a todas para obtener las vaquillonas de reposición. Por eso algunos están cruzando con razas carniceras.

La ventaja del uso de semen sexado para el tambero es que le permite aumentar la presión de selección de su rodeo. Puede utilizar el mejor reproductor lechero, inseminando las vacas de mayor productividad. Con esto acelera el progreso genético.

A la cooperativa de Humboldt, el negocio de engordar Holando la agarró con el tenedor en la mano. La suba de los precios de la carne mejoró notablemente la relación insumo/producto. Pero además, al tener carnicerías integradas, puede defenderse mejor del “castigo por camiseta”.

Al fin y al cabo, el tambo es un rodeo de cría que se ordeña. En la Argentina hay casi 2 millones de vacas lecheras, que tienen que parir todos los años. Sin entrar en la era del semen sexado, nacen por año unos 800.000 teneros macho, que además engordan rápido y se terminan con un peso de más de 100 kg por encima de los mestizos.

Si te molesta la camiseta, y esos cuartos no tan redonditos, cerrá los ojos hasta ver la media res colgada o los bifes en la carnicería.

Sobre la firma

Newsletter Clarín