En la conversación por zoom, Luis de Guindos aparece sentado en una amplia sala con una biblioteca que dan ganas de curiosear. Acaba de dejar su puesto como vice del Banco Central Europeo, en el que se desempeñó los últimos ocho años y se le nota el lenguaje estricto que caracteriza a quienes tienen ese tipo de responsabilidad en las finanzas. De 66 años y partida de nacimiento en Madrid fue ministro de Economía cuando el presidente del gobierno español era José María Aznar, entre 2011 y 2018. De Guindos será uno de los expositores estrella del foro que realiza anualmente la consultora abeceb.
Curiosamente, encuentra a Europa mejor de lo que muchos suponen, pese al encarecimiento de los precios de la energía y el alza de la inflación. “Aun así, la economía ha rendido mejor de lo previsto y se espera que crezca mientras la inflación sube al 4% anual, sin caer en recesión. Entre los factores de resiliencia figuran la menor dependencia de las importaciones de petróleo y gas, la inversión y el comercio vinculados a la inteligencia artificial, una política fiscal más expansiva, especialmente en Alemania y un mercado laboral sólido, con desempleo en mínimos históricos”.
Cuando se le consulta cuál fue el rol del Banco Central Europeo, suelta que elevó las tasas del 2 % al 2,5 % en dos ocasiones y “evitó comprometerse con una trayectoria predeterminada, decidiendo reunión a reunión según los datos”.
Para De Guindos, la economía mundial está pasando de la globalización que incluía a las cadenas de suministro a una fragmentación acelerada desde la pandemia, que “expuso los riesgos de depender de cadenas productivas muy dispersas. Además, las políticas de la administración estadounidense han reforzado esa tendencia. Al priorizar seguridad y proximidad del suministro por encima del menor coste, la fragmentación puede elevar la inflación y el coste del capital y modificar los flujos de inversión”, advierte.
“El crecimiento mundial también ha superado las previsiones, gracias a una menor dependencia del petróleo y al impulso de la inversión y el comercio relacionados con la inteligencia artificial. El riesgo principal es una extensión y escalada del conflicto en Oriente Medio, que podría encarecer la energía, acelerar la inflación en Estados Unidos y Europa y obligar a los bancos centrales a subir más los tipos de interés, contrayendo la actividad”, observa acerca del escenario internacional.
Explica la contundente victoria de Lula en Brasil por factores propios del país y una movilización adicional. “Lo esencial es respetar los resultados democráticos”, sostiene al advertir que no debe extrapolarse automáticamente a otros países latinoamericanos, ya que “cada uno tiene dinámicas particulares”. Cree que el Congreso brasileño, con fuerte presencia del bolsonarismo puede limitar la capacidad de gobierno de Lula.
Se le nota el entusiasmo por la administración Milei y hace hincapié en los avances. “Argentina ha mejorado sus indicadores macroeconómicos. Registra superávit fiscal, redujo la inflación desde niveles cercanos al 300 % hasta alrededor del 34 %, bajaron los tipos de interés y se eliminaron restricciones a las importaciones y controles de capital, junto con esfuerzos de desregulación. Energía y minería se destacan, y también existe potencial agrícola”, enumera.
-¿A qué atribuye entonces que se resista a bajar el riesgo país y la inversión siga en un piso?
-La actividad sigue débil y la inversión no se ha extendido al conjunto de la economía. La incertidumbre sobre la continuidad de las políticas tras las próximas elecciones frena inversiones de largo plazo. Los inversores temen un eventual retorno del déficit fiscal y la inflación elevada. La estabilidad macroeconómica es condición necesaria para atraer capital, pero la persistencia de las políticas determinará su alcance.
- ¿Y qué le aconsejaría a un inversor?
-Creo que hay sectores en los que Argentina tiene un futuro brillante, como energía, minería, incluso en el ámbito agrícola y conviene invertir, aunque el elemento de incertidumbre está por la política.
La entrevista completa
–Acaba de dejar el Banco Central Europeo. ¿Cuáles son los desafíos para una Europa amenazada por la guerra y los disturbios estudiantiles?
–Tengo un cierto sabor agridulce. Hay una parte complicada, que es, lógicamente, el tema del incremento de los precios energéticos. Sí, que para Europa lo que supone, fundamentalmente, es menos crecimiento y más inflación. Pero, por otro lado, el comportamiento de la economía europea está siendo mejor que el que, de alguna forma, se proyectaba hace simplemente unos meses. Es decir, Europa va a crecer cerca del 1% este año, ha habido una aceleración de la inflación al 4%, pero Europa no ha caído en una recesión como consecuencia del shock energético derivado de la guerra de Oriente Medio, de Irán. Mucha gente pensaba que se iba a producir dicha contracción y no se ha producido.
–¿Cuáles son las razones de ese mejor comportamiento europeo?
–Las razones por las cuales ha habido un buen comportamiento de la economía europea son fundamentalmente las siguientes. En primer lugar, la economía europea ha reducido su dependencia de las importaciones energéticas, tanto de petróleo como de gas; entonces, es menos dependiente de lo que era anteriormente. En segundo lugar, ha habido un importante incremento de la inversión relacionada con la inteligencia artificial. Europa ha incrementado su inversión y exportación de maquinaria ligada a la inteligencia artificial y, por otro lado, también las empresas europeas han invertido en lo que son los programas de inteligencia artificial. Y, en tercer lugar, también ha habido una política fiscal más expansiva de lo que se esperaba, fundamentalmente en Alemania. Alemania va a crecer este año en el entorno del 1%. Y, por último, el mercado laboral se está comportando bien, es decir, sigue habiendo un incremento del empleo y la tasa de paro está en un mínimo histórico.
–¿Cuánto tuvo que ver el Banco Central Europeo?
–La inflación pasó del 2 al 4% y lo que hizo el Banco Central Europeo fue subir, en dos ocasiones, los tipos de interés, del 2% al 2,5%. Y después también fue muy importante porque indicó que no había ninguna senda predeterminada de evolución de los tipos de interés y que iba a actuar, pues, en función de los datos que se iban produciendo.
–¿Cómo interpreta la revuelta estudiantil?
–Tiene que ver, lógicamente, en el caso específico de Francia, con situaciones en el ámbito de la educación y en el ámbito de la sanidad. Francia es un país que tiene un nivel de gasto público elevadísimo, que todos los indicadores de igualdad ponen de manifiesto que es un país bastante igualitario. Y se está encontrando con dificultades desde el punto de vista de la política fiscal: tiene un déficit público por encima del 5% y un ratio de deuda pública muy elevado, del 120%. En Francia, como sabemos, va a haber elecciones a principios del año próximo y también todo esto tiene que ver. Es muy importante para tranquilizar a los mercados que Francia sea capaz de aprobar un presupuesto que ha presentado el gobierno, porque en estos momentos el gobierno no tiene mayoría en el parlamento. Y, por lo tanto, desde el punto de vista de mandar una señal de estabilidad política.
–En un mundo con presión tecnológica, cambio demográfico e incertidumbre por las guerras, ¿cómo se sigue?
–Hay un movimiento, de alguna forma, que está poniendo en cuestión lo que han sido tradicionalmente los valores democráticos en el mundo occidental, en Europa concretamente. Y, bueno, la principal amenaza para estos momentos para Europa es Rusia. El ejército ucraniano es el ejército europeo en estos momentos. Y simultáneamente está habiendo cambios geopolíticos importantes. Por ejemplo, la relación transatlántica entre Europa y Estados Unidos se está modificando.
–¿En qué sentido?
–Europa ya no puede únicamente contar con Estados Unidos por la defensa de Europa ante la amenaza rusa. Entonces, eso tiene que aumentar su gasto en defensa, del 2 al 3,5% del PIB. Por otro lado, China está ganando muchísima competitividad y se ha convertido en el principal competidor de Europa, tanto en el mercado interior europeo como en los mercados externos. Y en tercer lugar, y esto es importante, estamos viendo la fragmentación política en Europa. Están surgiendo partidos radicales, fundamentalmente de derechas, pero también de izquierdas, que cada vez tienen mayor peso en Europa y que no son favorables al proceso de integración europea. Diría que son los desafíos geopolíticos a los cuales se enfrenta Europa. También hay que tener en cuenta que, lógicamente, Europa se enfrenta con sus valores a los valores de los autócratas. El más claro es el de Putin y, lógicamente, pues, la interferencia rusa es algo que está reconocida por los gobiernos europeos.
–¿Cómo lee el fenómeno Lula en un Brasil con una economía muy estancada?
–En el caso de Brasil hay cuestiones idiosincráticas específicas de Brasil. Ha habido una movilización extra y yo creo que es muy importante. Lo importante aquí es, independientemente de quién haya ganado, respetar los resultados electorales. La democracia algunas veces nos da alegrías y otras no. En el caso de América Latina, lo que sí ha habido ha sido un movimiento en otros países. Brasil es muy grande, evidentemente, es lo más grande junto con México, de América Latina, pero tenemos otros casos en los cuales la situación ha sido contraria: Colombia, Perú, Chile. Habrá que ver cómo evoluciona Brasil. El parlamento brasileño tiene una composición que no es favorable a la actuación de Lula como presidente.
–Usted señala que estamos ante un mundo fragmentado…
–Se está produciendo la fragmentación de la economía mundial. Igual que tuvimos hace 20 años un proceso de globalización, que lo que hizo fue integrar mercados de bienes y servicios y se globalizaron cadenas de suministro. En estos momentos, se está viviendo, de algún modo, un proceso contrario, de fragmentación que, de alguna forma, empieza después del COVID. La pandemia enseña que hay que tener las cadenas de producción próximas, porque si las tienes muy dispersas en el mundo, te puedes encontrar con que hay problemas desde el punto de vista de la garantía del suministro. Se ha incrementado esa tendencia de la economía mundial con las políticas auxiliarías de la nueva administración americana. Estamos en un nuevo entorno en el cual nos vamos a mover, un movimiento de desglobalización de la economía mundial. Eso va a tener efectos, yo creo que va a producir un incremento de la inflación, porque, lógicamente, las cadenas de producción ya no van a venir determinadas por dónde se produce de forma más barata. Y también una subida de los tipos de interés, del costo de capital, de los flujos de capital.
–¿Y cómo impacta en un país como Argentina?
–Argentina tiene las cifras económicas que han mejorado notablemente. Un superávit fiscal, la inflación se ha reducido del 300 al 34%, ha habido una bajada de tipos de interés. Hay sectores que lo están haciendo relativamente bien, muy bien, como es el de energía o el tema de la minería, pero, sin embargo, la actividad está, pues, relativamente estancada, con un crecimiento reducido, que para Argentina, un crecimiento del 2 o 3%. Creo que ha habido actuaciones positivas, como ha sido, por ejemplo, el tema de la eliminación de las restricciones de las importaciones, la eliminación de los controles de capital. Se ha intentado hacer un proceso de desregulación, de eliminación del exceso de regulación, pero, sin embargo, la inversión, salvo en sectores muy específicos, no acaba de tirar en el conjunto de Argentina. Yo creo que eso tiene que ver también con incertidumbre sobre la continuidad de las políticas a futuro. En Argentina van a tener elecciones en un año y, entonces, los inversores lo que ven es que, bueno, puede haber un cambio que se puede producir o no, pero introduce incertidumbre. Hay sectores específicos que están empujando mucho,


