El título de las jornadas ―correspondientes a la vigésimo tercera edición del Campus FAES, la fundación de José María Aznar― era América Latina en transformación: consecuencias para la Unión Europea, pero en su inauguración, este miércoles, apenas se ha referido al asunto, más allá de acusar al Gobierno de dar “carpetazo a su relación con cualquier país de Iberoamérica, según sea en cada momento político el signo político de su presidencia” y, como es habitual, ha dedicado su intervención inaugural a criticar “el sanchismo”. “Es inexcusable”, justificó al inicio, “abordar la situación de España”. La actividad está subvencionada por el Ministerio de Asuntos Exteriores.
Aznar insistió en que “el sanchismo terminal es el más peligroso” y aseguró que el Ejecutivo dedica al PP “las peores andanadas de artillería” porque lo identifica como su “única alternativa”, pero al tiempo dejó entrever en su discurso el temor al auge de Vox que señalan las encuestas. “Reafirmo mi convicción de que concentrar nuestro voto en su momento en las siglas del PP será el camino más corto para que un Gobierno fuerte pueda hacer lo contrario del sanchismo, que es algo muy distinto a practicar un sanchismo al revés”. Sin mencionarlo directamente, el expresidente advirtió del “esencialismo” del partido de Santiago Abascal y expresó cierta preocupación ante la posibilidad de que la estrategia socialista de “alimentar la polarización buscando el cuerpo a cuerpo con opciones populistas” pueda calar en el electorado. “El sanchismo aspira a reducir todo el espacio de la derecha a un peligroso amateurismo para volver imposible e impensable la alternativa”. Con todo, llamó al optimismo: “Muy pronto cambiará la marea”.
En su discurso inaugural de las jornadas supuestamente sobre América Latina, Aznar habló de ETA —“se vacían las cárceles de terroristas”—; de la crisis de Oriente Medio —“en su afán de protagonizar la contestación a la Administración Trump, Sánchez ha subordinado el interés nacional al partidista”—; de la red ferroviaria y de aeropuertos y las infraestructuras hidráulicas —“todo padece un deterioro galopante”—. También definió como “corrupción política” el hecho de presentar la ley de amnistía como “paz social”, pese a que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha avalado la norma invocando un argumento similar: “El Derecho de la Unión no se opone a la ley que concede la amnistía, cuyo propósito es reducir las tensiones institucionales y políticas, así como facilitar un escenario de reconciliación”, declaró el presidente del TJUE, al explicar el fallo.
También acusó el expresidente al Gobierno de “privatizar el Estado” a través de la “colonización de instituciones” y la “compra de investiduras, intercambiando poder por amnistía”. PP y PSOE se han acusado mutuamente de usurpar los organismos públicos cuando están en la oposición, pero sobran ejemplos en ambos casos. Aznar llegó a La Moncloa gracias a sendos pactos con el PNV y CiU (hoy Junts) que incluían traspasos de competencias y, bajo su mandato, fueron privatizadas algunas de las principales empresas de la economía española.
En la mezcolanza de temas —exceptuando el que daba título a las jornadas— que incluyó en su discurso, el antiguo líder del PP también aludió a la crisis de Ceuta, para censurar que el presidente del Gobierno hubiera disfrutado, “a diferencia de los ceutíes, de su derecho a tener vacaciones” y para señalar “el fracaso del apaciguamiento sanchista” tras “traicionar compromisos en el Sáhara y hacer dejación del control de fronteras”.
Finalmente, Aznar también auguró que en esa España “vendida”, el paramento catalán estará pronto “copado por la versión más xenófoba del independentismo”, en alusión a Aliança Catalana, y llamó a evitar “el desbordamiento del Estado autonómico”.
Medio centenar de personas, aproximadamente, asistieron a la inauguración del campus FAES a cargo del expresidente del Gobierno y, entre ellos, apenas había dirigentes actuales del PP. Sí acudieron a la cita Juan Bravo, vicesecretario de Hacienda del partido, y la exministra de Exteriores Ana de Palacio.




