A pesar de la abundancia y el éxito que rodean sus vidas, Camilo Echeverry y Evaluna Montaner buscan criar a Índigo y Amaranto con los pies en la tierra.

En ese sentido, el cantante colombiano, que el próximo 25 y 26 de octubre se presentará en el Movistar Arena de Buenos Aires, reconoció que le preocupa cómo transmitirles a sus hijas el valor de las cosas y las experiencias que marcaron su propia infancia.

Invitado al podcast Lo que tú dices, de Alex Fidalgo, Camilo habló sobre los desafíos de la paternidad y confesó: “Todo lo que yo considero valioso en mí, las cosas que me gustan de mí mismo, de mi identidad, de la persona que soy y de la personalidad que tengo, son todas cosas hijas de vainas que yo viví con mis papás y que mis hijas no están viviendo conmigo. Eso me caga de susto”.

En ese sentido, explicó que intenta enseñarles a valorar las cosas a pesar de que viven rodeadas de comodidades.

“Por ejemplo, el valor de las cosas. Mis hijas no van a poder vivir eso. La escasez a mí me toca simularla y me va re mal, pero lo intento. O por ejemplo, me toca hacer una fiesta de cumpleaños de Índigo y poner en la tarjeta: ‘No traigan regalos, por favor, por favor no más regalos a mi hija, no más, se los pido por favor, si la aman no le den más regalos’”, reveló el cantante.

También contó que intenta dosificar los obsequios que reciben sus hijas, aunque la cantidad vuelve difícil la tarea: “Tratar de simular recibir los regalos y, antes de que ella los vea, guardarlos rápido para entregárselos de a uno cada vez al mes. Pero ¿cómo dosificas 700 regalos? O en el hotel en el que estamos ahorita, que le han regalado 14 peluches a mis hijas, pero ya después del 12 tú dices: ‘Uf, ya', pero y entonces otro...”.

“A mí eso me preocupa, ese reto que tengo yo es de los que más me ocupan, que no sé qué va a pasar con eso. Considero que mis hijas vienen ya con un chip muy interesante”, reconoció Camilo.

Durante la entrevista, el músico comparó su historia con la de su esposa, quien creció en una familia ligada a la música y al éxito de Ricardo Montaner: “Mi esposa tiene una historia absolutamente diferente a la mía. Viene de una familia en la que lo tuvo todo, su papá era una superestrella y desde que ella nació él ya lo era. Vivió entre conciertos sold out como mis hijas. Y entonces tú tienes una de dos rutas: o miras eso y dices ‘Eso quiero’, o no, como mi esposa”.

“Mi esposa dice: ‘¿A qué hora cierran el lugar donde venden el heladito que nos gusta?' Ella no tiene ni idea de cuántos tickets se vendieron, de si nos va bien o nos fue mal, ella no sabe en qué posición está en no sé qué, no tiene ni idea de cuántos seguidores tiene en Instagram. Ella verdaderamente va por otro lado porque no tiene nada que probar y ya vio que el momento favorito de su papá era volver del concierto a estar en familia”, destacó Camilo.

Y sumó: “Entonces ella dice: ‘Bueno, me salto toda esta vaina de tener que demostrarle al mundo que yo existo a través del éxito y más bien salto al néctar, que es qué vamos a cenar, de qué vamos a hablar, dónde vamos a sentar a este amigo y de qué vamos a hablar... ah, ¿sabes qué deberíamos hacer? Saquemos este juego en el que nos preguntamos cuáles son los trabajos de cada uno’. Ese tipo de huevonadas a mi esposa... y yo aprendo mucho de ella por eso”.

Por último, el cantautor colombiano reconoció: “Entonces veo que mis hijas tienen ciertas cosas que me gustan mucho más de mi esposa que de mí, han heredado ciertas cosas en el temperamento de ella que me hacen ilusión. Pero sí me asusta mucho eso de este tipo de papá que soy”.

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