Begoña Gómez renuncia a llevar al Tribunal Supremo la absolución de la agitadora ultra Pilar Baselga, que la llamó “Begoño” en un programa de televisión, afirmó que había nacido hombre y la vinculó con el tráfico de drogas. Según confirman fuentes cercanas a la esposa de Pedro Sánchez, la pareja del presidente del Gobierno descarta acudir a la máxima instancia judicial después de que la Audiencia Provincial de Madrid y un Juzgado de lo Penal de la capital descartasen que la acusada fuese culpable de un delito de injurias. Este caso ha generado un enorme malestar en el Gobierno, que lo considera un ejemplo de la doble vara de medir que aplica la justicia.

“La justicia ha dicho que a Begoña Gómez se la puede difamar y que no pasa nada”, explican fuentes de La Moncloa, indignadas con la resolución dictada a principios de septiembre por el tribunal provincial, que confirmó la absolución de Baselga. La Audiencia consideró, en línea con el Juzgado de lo Penal que abordó el caso en primer lugar, que las “expresiones” vertidas por la agitadora resultan “muy desafortunadas, inapropiadas e incluso potencialmente lesivas para el honor de la perjudicada”; pero remachó que no alcanzaron la gravedad necesaria para calificarlas como delito. “La respuesta jurídica frente a tales manifestaciones debería residir, en su caso, en la jurisdicción civil y no en la penal”, reza la sentencia.

El tribunal provincial —integrado por tres mujeres (las magistradas Carmen Herrero, María Paz Batista y Josefina Molina)— admitió que Gómez no ostenta ningún cargo público. Sin embargo, argumentó que su condición de esposa del presidente del Gobierno la “sitúa de forma objetiva en la esfera pública” y “debe ser considerada una persona de relevancia pública”; y, por tanto, debe “soportar un umbral más elevado de crítica”. La resolución daba un plazo de cinco días hábiles para anunciar la presentación de un recurso ante el Supremo, pero fuentes cercanas a la pareja de Pedro Sánchez explican que se ha descartado esa opción.

“Ser la esposa del presidente se convierte en una trampa… Implica la pérdida de todos los derechos. Trabajar se convierte en tráfico de influencias; no trabajar, en dependencia; defenderse de los insultos, en privilegio; y guardar silencio, en culpabilidad”, censuran fuentes de La Moncloa, que remachan en esa línea: “Es una trampa perversa que borra toda una trayectoria profesional y niega a una mujer su identidad y su dignidad para reducirla exclusivamente a la posición de su marido”.