Al menos 64 personas han muerto en un accidente ferroviario que se ha producido este miércoles por la mañana a la altura de la estación de Urda (Toledo). El choque ha tenido lugar en el punto kilométrico 118, entre las localidades de Mora y Orgaz y Urda (Toledo) y, según las primeras investigaciones, el accidente se ha producido por un “error humano” doble, porque un controlador de Adif ordenó a un AVE arrancar cuando tenía un Iryo detenido 25 kilómetros delante, y además le dijo que lo hiciera “con normalidad”, cuando el protocolo indica que en una situación así, sin sistema informático, tenía que haberle ordenado que arrancara “a vista”, con un máximo de 40 kilómetros por hora, con el que le habría dado mucho más tiempo a frenar. Los investigadores encuentran “inexplicable” el fallo humano y el controlador está ya asistido por un abogado y un psicólogo en el centro de mando ante la gravedad de la situación, según fuentes del Ejecutivo. Todas las órdenes han quedado registradas con audio y por escrito, y ya han sido revisadas por los técnicos y la primera impresión es clara.
El sistema prevé que estos controles sean automáticos y ha funcionado correctamente para detener todos los trenes de la zona con la caída del control informático, por causas aún no aclaradas, pero deja en manos de un humano, que estaba supervisado por otro, la manera de reanudar la marcha. En sus pantallas el controlador tenía que ver que había un tren detenido, por eso nadie se explica cómo pudo ordenar a todos los trenes detenidos que arrancaran con normalidad la marcha.
Las primeras hipótesis apuntan al “error humano de un operador de Adif ante una avería del sistema principal de señalización”. Esta es la principal causa del accidente, según señalan fuentes del Ejecutivo. El sistema de seguridad está automatizado, pero cuando falla, pasa a ser manual. Y ahí todo depende de un posible error humano.
El sistema de seguridad LZB, que controla la alta velocidad española, ha fallado en la mañana de este miércoles, lo que ha provocado que se detengan unos seis trenes en la zona del accidente, tres por cada lado. Solo ocho minutos después, el centro de control ha pasado al sistema manual y ha ordenado a todos los trenes reanudar la marcha. Pero el Iryo, por motivos aún no aclarados, no ha conseguido arrancar y se ha quedado parado. Y ahí ha llegado el error humano, según estas primeras hipótesis. El controlador estaba viendo en su pantalla que el Iryo estaba parado delante del AVE, pero le ha ordenado seguir con normalidad y en todo el tiempo que ha tardado en recorrer los 25 kilómetros que le separaban del Iryo no le ha dado ninguna instrucción al AVE para que parara.
Las fuentes consultadas insisten en que no hay forma de entender por qué el controlador no ha tomado ninguna decisión mientras veía a un tren detenido en la vía y a otro llegando hacia él. El conductor del AVE no tiene ningún sistema informático que le avise de que hay un tren delante si se cae el LZB, y por eso solo puede confiar en lo que le dicen desde el centro de control de Atocha. Más inexplicable les parece aún el segundo error, que implica contravenir por completo el protocolo para una situación así: no ordenar a todos los trenes que siguieran con marcha “a la vista”, mucho más lenta por el fallo del sistema informático, sino que lo hicieran a velocidad normal. Los otros cuatro trenes no han tenido problemas porque su vía estaba despejada, pero el AVE se ha ido de frente contra una trampa mortal y en plena aceleración. En ese tramo se puede llegar a 200 kilómetros por hora, aunque los investigadores aún no tienen claro a qué velocidad se produjo el accidente.
Poco después de esa orden, lo que tardó en recorrer esos 25 kilómetros, el AVE chocó por detrás con el Iryo y eso provocó un grave accidente con varios vagones destrozados en un terraplén donde se han producido al menos 64 muertos.
Renfe ha activado el Plan de Asistencia a las Víctimas de Accidentes Ferroviarios y a sus Familiares (PAVAFF) y ha puesto a disposición el número 900 10 10 20. Iryo, por su parte, ha habilitado el 655 28 69 75. El Servicio de Emergencias 112 de Castilla-La Mancha activado el 900 122 112.



