Decenas de miles de personas, unas 70.000, según la Delegación de Gobierno, se han manifestado este sábado por el centro de la capital española en un frente común contra todos los sectores que dificultan el acceso a la vivienda y propician los desahucios, incluyendo entre los culpables a la clase política y los fondos buitre internacionales, presentados como “los verdaderos invasores”. “Derecho a techo”; “hace falta ya una huelga general”; “fuera rentistas de nuestros barrios”; o “esto es lucha de clases, no podemos hacer las paces”, fueron algunos de los lemas más coreados. La multitud puso en evidencia que la izquierda está activada en la calle, aunque también hubo reproches para los partidos del Gobierno de coalición. La manifestación llegó a la plaza de Cibeles cerca de las dos de la tarde después de una marcha que salió desde cuatro puntos distintos de la capital.
Convocados por el Sindicato de Inquilinas, organización que ha liderado las protestas desde el desahucio de Maricarmen, una anciana de 87 años, el pasado 23 de septiembre, insistió en que es necesario convocar “pronto” una huelga general. Para ello, Valeria Racu, la portavoz del sindicato, adelantó que está en conversaciones con los sindicatos laborales tradicionales, CC OO y UGT, principalmente, y explicó que fijarán conjuntamente una fecha definitiva. Racu separó la fecha de una huelga general de un posible adelanto electoral para finales de noviembre. “Este es un aviso a navegantes. La protesta seguirá gobierne quien gobierne”, insistió. El sindicato de Inquilinas cargó también contra el Ejecutivo: “Ocho días de apoyo popular han hecho más que ocho años de Gobierno progresista”. Y contra las derechas “arrodilladas ante los fondos buitre”. Uno de los momentos más emocionantes fue cuando las cuatro columnas se fusionaron en Cibeles agitando las llaves mientras lanzaban críticas “al Gobierno progresista, a Almeida y Ayuso”.
El papel que jugará a partir de ahora el Sindicato de Inquilinas entra en otra fase, al señalar que abandonan la acampada en la Puerta del Sol, pero no la movilización en la calle hasta que se satisfagan sus demandas. El proyecto es llevar ahora las protestas “a los barrios” y a otras ciudades. En Bilbao, Valencia y Canarias y otro medio centenar de ciudades se repitieron manifestaciones similares a las de la capital.
La de este sábado fue la segunda manifestación masiva por la vivienda en apenas siete días. La semana pasada miles de personas ―25.000, según Delegación de Gobierno― marcharon por las calles de Madrid para defender a Maricarmen, pero el foco se ha ampliado desde entonces a la convocatoria de una huelga general. Se trata de un llamado atípico organizado por un sindicato que no es ninguno de los tradicionales y que no apela a los obreros, a las fábricas ni a los funcionarios, sino a los inquilinos.
Si Pedro Sánchez estaba esperando a medir hasta dónde llega la movilización de la izquierda para decidir si adelanta o no las elecciones, la manifestación de este sábado le ofreció una imagen poderosa: decenas de miles de personas expresando su rechazo a un eventual Gobierno de PP y Vox, el escenario que pronostican las encuestas. Pero la protesta también dejó patente, a través de cánticos, lemas y pancartas —“¿Dónde está el Gobierno progresista?”; “Rentista culpable, Gobierno responsable”; “Ministra rentista, estás en nuestra lista”…—, el profundo descontento con el propio Ejecutivo de Pedro Sánchez y con los decretos de última hora para tratar de evitar nuevos desahucios como el de Maricarmen, que se convirtió en el detonante de la movilización ciudadana.
“El adelanto electoral no es la solución”, opinaba Clara, que ha acudido a la manifestación con sus padres y su hijo. “Esto debería haberse resuelto mucho antes de los decretos”, añadía. Sandra, madrileña, que tuvo que mudarse a Toledo ante la incapacidad de pagar un alquiler en Madrid, aseguraba que la próxima vez que acuda a las urnas, haya adelanto o no, votará con “más miedo” que ilusión.
Desde la tarima era fácil detectar las distintas sensibilidades movilizadas. “Estamos aquí a pesar de la puñalada trapera que nos dieron ayer”, dijo el sindicato que engloba a las mujeres trabajadoras del hogar. “Somos invisibles y se ejerce el racismo contra nosotras, pero aquí estamos a pesar de la puñalada trapera”, insistió su portavoz. “Vamos a la huelga el 14 de octubre”, añadió el colectivo de educadoras infantiles que se han sumado desde el principio a la causa.
A pie de calle, Javier Moya, de 58 años, celador sanitario que salió desde el hospital de La Princesa, insistió en la opción la huelga general “si no hay más remedio”. “Estoy a favor de que siga y crezca. Si no hay más remedio que la huelga general, pues habrá que hacerla”, expone. Carmen, de 27 años, y David, de 30, inquilinos del barrio de Salamanca, también se unieron en Diego de León a la protesta. “Esto no solo perjudica a las nuevas generaciones. Existe un clamor social que la clase política está ignorando”, señaló Carmen.
La manifestación fue también el epílogo de diez días que han cambiado el discurso público. Comenzó el miércoles 23 cuando Maricarmen fue desahuciada de su casa y salió en camilla en dirección al hospital. Su caso movilizó a cientos de activistas que llevan tiempo reclamando una intervención del mercado de la vivienda y protestando discretamente cada semana contra los desahucios. Pero el de Maricarmen dio un paso más y activó a miles de personas que salieron a la calle por primera vez el pasado sábado. Esa misma tarde, muchos de ellos protestaron contra Ayuso frente al ático recién adquirido por la Comunidad de Madrid. Al día siguiente, Maricarmen envió desde el hospital su primer vídeo. Un día después, las protestas llegaron a las calles de Madrid y apareció la primera tienda de campaña en la Puerta del Sol, que desde entonces se ha convertido en el epicentro de las reivindicaciones por la vivienda.


