No hace demasiado tiempo, recibir un diagnóstico de cáncer en un animal de compañía significaba, en la mayoría de los casos, abandonar toda esperanza y optar por la eutanasia.
Ahora, la oncología veterinaria está mucho más avanzada y la intensa relación afectiva de muchos tutores con sus animales lleva a explorar distintas vías terapéuticas para buscar la curación.
Lluís Benítez es veterinario con título de General Practitioner Certificate in Oncology por la ISVPS (por sus siglas en inglés, Escuela Internacional de Estudios Veterinarios de Posgrado). Es oncólogo veterinario y responsable del Servicio de Oncología del Hospital Veterinario Montjuïc de Barcelona.
"La oncología es una especialidad en auge porque cada vez nuestros compañeros domésticos son más longevos"
-¿Cuál es la incidencia de procesos oncológicos en perros y cuáles son los tipos de cáncer más frecuentes en cada caso?
-Se sabe, por estadística, que el cáncer es la causa de muerte de la mitad de los perros de más de 10 años y que 1 de cada 4 animales de compañía que fallecen lo hacen por causas relacionadas con neoplasias.
Si los tratamos de agrupar por especies, los tumores de piel son los más frecuentes en los perros y, dentro de ellos, sobre todo los mastocitomas. Otros tumores habituales en la especie canina son los linfomas o los sarcomas.
-¿Y en gatos?
-En cuanto a los felinos, las neoplasias que solemos ver con más frecuencia en la clínica son los linfomas, sobre todo los que afectan el tracto digestivo, seguidos por tumores de piel, como los carcinomas de células escamosas.
-En los últimos años, se está prestando más atención a esta especialidad. ¿Es por el avance en las herramientas diagnósticas, por una mayor sensibilidad de los tutores, por otras causas...?
-La oncología es una especialidad en auge porque cada vez nuestros compañeros domésticos son más longevos. Los avances en medicina veterinaria han llevado a que vivan más. Eso es muy positivo, pero, por otro lado, al vivir más, la incidencia de tumores se incrementa.
A la longevidad de los animales de compañía hay que añadirle un mayor conocimiento de los tumores, una mejora en las herramientas diagnósticas y terapéuticas y un cambio en la percepción social, tanto del valor sentimental que les tenemos como en la percepción de la palabra “tumor” por parte de los tutores.
"Hay una clara predisposición racial, tanto en perros como en gatos"
-¿Hay algunas razas o algunos problemas de salud que predispongan a tener tumores malignos?
-Sí, hay una clara predisposición racial, tanto en perros como en gatos. Los labradores, golden retriever y bóxer serían las razas más sobrerrepresentadas. En cuanto a los gatos, destacan los siameses, sobre todo porque son las razas felinas más longevas.
Más allá de factores genéticos o ambientales, al igual que pasa en medicina humana, cualquier inflamación crónica predispone a tumores. Tenemos evidencia de que procesos inflamatorios intestinales (llamados enteropatías crónicas) predisponen a linfomas digestivos.
-¿Qué síntomas pueden dar la voz de alarma de que el perro o el gato puede estar pasando por un cáncer?
-En la mayoría de los casos, los signos suelen ser inespecíficos, a no ser que el tumor sea externo, visible o palpable en forma de masas. Estos síntomas incluyen disminución del apetito o anorexia, pérdida de peso con o sin vómitos o diarreas y, sobre todo en gatos, esconderse en lugares poco frecuentes y reducir la interacción con el tutor.
Hay que remarcar que estos signos, al ser inespecíficos, nunca serán patognomónicos de tumor [no aseguran por sí solos que hay cáncer].
"En medicina veterinaria disponemos de los mismos tipos de tratamientos que en medicina humana"
-¿Cuáles son los tratamientos que se emplean en oncología veterinaria?
-En medicina veterinaria disponemos de los mismos tipos de tratamientos que en medicina humana. Estos incluyen cirugía, radioterapia, quimioterapia convencional, electroquimioterapia e inmunoterapia. La elección de cada tratamiento depende del tumor y del estadio del mismo.
-¿Cuáles se llevan a cabo según el tumor a tratar?
-Los tumores que encontramos en la mayoría de animales se agrupan en tres familias. Unos son los tumores de células redondas, que generalmente se originan en células halladas en la sangre y se tratan con quimioterapia y cirugía, principalmente.
Un segundo grupo está formado por tumores mesenquimales, que se generan en los tejidos que se encargan de dar forma y estructura al cuerpo (hueso, músculo, cartílago, colágeno, fibroblastos…). Se tratan principalmente con cirugía, radiación local y quimioterapia, en función del riesgo metastásico futuro.
Y finalmente están los tumores epiteliales que proceden de glándulas o epitelios (mama, páncreas, intestino, respiratorio, tiroides…) y que se tratan con cirugía y quimioterapia para la prevención de metástasis.
-Al igual que en oncología humana, ¿se está avanzando en tratamientos cada vez más personalizados?
-Sí... y no. Tenemos claro que el futuro de la oncología veterinaria son las terapias dirigidas, como está pasando en medicina humana. Siendo realistas, vamos 20 años atrás en todos los aspectos, por razones logísticas y financieras.
El coste de secuenciar el genoma de un tumor y tratarlo con el fármaco pertinente, por ejemplo, supone un coste prohibitivo para el tumor. Cada vez tenemos mayor financiación para estudios, estamos avanzando mucho en ese aspecto y tratamos de recortar el abismo que hay con respecto a los avances de oncología humana.
-Cuando se aplica un tratamiento oncológico al animal, ¿qué efectos secundarios suelen producirse?
-Los efectos secundarios son una de las mayores preocupaciones de los tutores a la hora de considerar iniciar un tratamiento oncológico. Estadísticamente, sabemos que la probabilidad de padecer efectos secundarios está sobre el 30%, siendo menos del 1% muy graves y que requieren ingreso.
Obviamente, el tipo y la severidad dependen del fármaco usado. Los principales son los digestivos (hiporexia, vómitos o náuseas y diarrea) y los hematológicos (bajada de defensas y/o plaquetas).
Nuestros compañeros domésticos no suelen perder el pelo, pero sí se pueden caer los bigotes en los gatos. Es importante hacer un manejo preventivo para que esos efectos secundarios no aparezcan y no comprometan su calidad de vida.
-¿Es habitual que el cáncer en animales sea metastásico o suele estar localizado?
-Dependiendo de en qué órgano o parte del cuerpo se origine el tumor, del tipo de tumor y de su agresividad, encontraremos tumores localmente agresivos que necesitan de fuertes terapias locales u otros con potencial metastásico que requerirán quimioterapia, además de una intervención. Cuando son malignos, son metastásicos.
"Tratamos de cuidar al paciente oncológico como a un paciente más"
-¿Cómo son los cuidados que hay que llevar a cabo con un animal que está en un proceso oncológico?
-Tratamos de cuidar al paciente oncológico como a un paciente más. No existen ni se indican restricciones evidentes en cuanto a sus actividades diarias. De hecho, como en la mayoría de los casos son pacientes terminales y el tratamiento es paliativo, se intenta que su calidad y su estilo de vida sean similares a cuando no estaban enfermos.
Las limitaciones dependen del tipo de tumor (por ejemplo, si tenemos a un paciente con un tumor óseo, indicamos reposo moderado; al igual que a un paciente con tumor pulmonar le pedimos que no haga ejercicio).
-¿Y en cuanto a la alimentación?
-Tratamos de que la dieta sea palatable y calórica. Suelen tener un gasto metabólico superior, un menor apetito y una tendencia a perder peso. Existen comidas formuladas para ello.
En el caso de que los tutores quisieran cocinarles la comida, siempre se recomienda una supervisión por parte de un nutricionista para que sea equilibrada. Muchas veces se cae en el error de darle “demasiada” comida humana que no suelen comer habitualmente y esto puede alterar su tracto digestivo.
-Cuando el cáncer del animal no tiene cura o está en estado terminal, ¿se opta por cuidados paliativos, por la eutanasia...?
-Siempre se intentan los cuidados paliativos si el paciente tiene calidad de vida. Intentamos hacer, en cada consulta, un pequeño cuestionario de calidad de vida con el tutor para conocer el estado del paciente. Los paliativos suelen incluir analgésicos, tratamiento sintomático digestivo (antieméticos o probióticos) y estimulantes del apetito.
Hay que buscar un equilibrio entre mantener la calidad de vida y la cantidad de fármacos que se necesitan para ello.
Siempre recordaré que un profesor me dijo: ‘Proponles a los tutores que hagan una lista de un número impar de cosas (5, 7 o 9) que le encantaba hacer a su perro o gato antes de enfermar y mira cuántas deja de hacer a medida que la enfermedad avanza; cuando hayas tachado la mitad, es el momento de tomar la decisión’.
-¿Hacia dónde se dirige la oncología veterinaria? ¿Qué avances se esperan a corto y medio plazo?
-El futuro de la oncología veterinaria es el presente de la humana: las terapias dirigidas. Para ello necesitamos secuenciar los tumores, hallar la mutación que los causa y disponer de un medicamento que lo bloquee y venza.
El principal problema a día de hoy es el coste de todo ello. Lo bueno es que cada vez somos más oncólogos y tenemos más herramientas para hacer avanzar nuestra especialidad.
Terry Gragera, La Vanguardia
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