Una carretera de Texas se convirtió en un inesperado laboratorio a cielo abierto. En 2025, un grupo de investigadores incorporó plástico reciclado al asfalto para comprobar si los residuos podían ayudar a construir pavimentos más resistentes frente al calor, el tránsito pesado y el paso del tiempo.

La prueba se realizó en mayo sobre la carretera estatal 205, en Rockwall, una localidad cercana a Dallas. En un tramo de 3.500 pies, unos 1,07 kilómetros, se incorporaron aproximadamente 4,5 toneladas de plástico reciclado a la mezcla asfáltica.

El proyecto fue encabezado por Sahadat Hossain, profesor de ingeniería civil y director del Instituto de Residuos Sólidos para la Sostenibilidad de la Universidad de Texas en Arlington. La investigación se desarrolla junto con el Departamento de Transporte de Texas y comenzó varios años antes de llegar a una ruta en funcionamiento.

En Texas un grupo de investigadores incorporó plástico reciclado al asfalto

Para Hossain, la idea no surgió solamente de una búsqueda tecnológica. Su relación con el problema de los residuos comenzó mucho antes, durante su infancia en Bangladesh, donde creció cerca de un gran basural.

Desde allí podía observar las consecuencias de la acumulación de basura sobre las personas que vivían en la zona. Según contó el investigador, algunos vecinos sufrían problemas de salud y las familias con menos recursos muchas veces debían decidir entre comprar comida o medicamentos.

Aquella experiencia quedó vinculada con su carrera. Ya como ingeniero civil, Hossain comenzó a buscar formas de utilizar los residuos como materia prima para obras de infraestructura y encontró en las carreteras una posibilidad concreta de aprovechar parte del plástico descartado.

El procedimiento consiste en incorporar pequeñas cantidades de plástico reciclado a la mezcla utilizada para fabricar el asfalto. De esta manera, una parte del material derivado del petróleo que funciona como aglutinante puede ser reemplazada por plástico procesado.

La investigación de Texas apunta especialmente a los residuos que resultan difíciles de gestionar mediante los sistemas tradicionales de reciclaje. Bolsas y otros plásticos de uso cotidiano pueden ser triturados y preparados para incorporarse al pavimento.

El calor es uno de los principales desafíos. Cuando las temperaturas aumentan, el betún puede ablandarse y el pavimento queda más expuesto a deformaciones, grietas y otros daños provocados por el tránsito.

Por eso, Texas representa un escenario exigente para la prueba. En los meses de verano, las superficies de las carreteras pueden alcanzar temperaturas muy elevadas mientras soportan diariamente el paso de automóviles y vehículos pesados.

Antes de llegar a la carretera estatal 205, el equipo realizó diferentes ensayos. En 2023 se utilizaron mezclas con plástico reciclado en sectores de estacionamiento de la Universidad de Texas en Arlington y también se realizaron experiencias en Bangladesh.

Esos primeros resultados permitieron avanzar hacia una prueba de mayor escala. La diferencia es que ahora el material debe enfrentarse a las condiciones reales de una carretera, con circulación permanente y exposición directa a los cambios de temperatura.

La experiencia también tiene un componente ambiental. Cada año se generan enormes cantidades de residuos plásticos y una parte importante no vuelve al circuito productivo. El material termina enterrado, quemado o disperso en el ambiente.

Utilizarlo en infraestructura podría ofrecer una alternativa para mantener una parte de esos residuos fuera de los rellenos sanitarios. Al mismo tiempo, permitiría reducir parcialmente la utilización de materiales derivados del petróleo en la construcción de pavimentos.

El objetivo, sin embargo, no es presentar la tecnología como una solución definitiva. El tramo de Rockwall será monitoreado durante los próximos años para observar la aparición de grietas, baches, deformaciones y otras señales de desgaste.

Los investigadores deberán comprobar además cómo evoluciona el material después de períodos prolongados de exposición al tránsito y al clima. Esos datos serán determinantes para establecer si la técnica puede utilizarse en proyectos viales de mayor escala.

La propuesta tampoco está exenta de desafíos. La selección y el procesamiento de los residuos plásticos, su comportamiento dentro del asfalto y el destino del material cuando la carretera llegue al final de su vida útil son algunos de los aspectos que todavía deben estudiarse.

Por ahora, la carretera de Rockwall representa la prueba más visible de una investigación que comenzó en laboratorios y pequeñas superficies experimentales. Allí, millones de fragmentos de plástico dejaron de ser solamente residuos para convertirse en parte de una infraestructura sometida a una prueba real.

Si el pavimento demuestra con los años que puede conservar su resistencia frente al calor y al tránsito, la experiencia podría abrir una nueva posibilidad para dos problemas que hasta ahora se analizaban por separado: la acumulación de residuos plásticos y el deterioro de las carreteras.

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