A los niños les suelen gustar los tonos llamativos y vibrantes. A Tadashi Yanai (Ube, Japón, 1949), sin embargo, le horrorizó la ropa infantil de colorines que su padre llevó a casa tras un viaje. “Odiaba llamar la atención”, dijo a The Times. Años después levantó un imperio en torno a la moda sencilla y funcional que, no sin cierta ironía, lo convirtió en una de las figuras más conocidas del sector y en el hombre más rico del país. Fast Retailing, la matriz de Uniqlo, cerró en agosto su último ejercicio con resultados récord y la vista puesta en su principal competidor.

Yanai nunca ha escondido su ambición: “Puede ser difícil, igual no lo conseguimos, pero mi sueño es superar a Inditex en el futuro”, dijo en una entrevista en El País en 2017 sobre el líder del mercado. “No importa cuánto se tarde”, sentenció. La compañía facturó unos 22.400 millones de euros, según los números presentados la semana pasada, casi un 17% más respecto al año anterior, y su beneficio neto atribuible creció un 25% hasta los 3.000 millones. Aunque el ritmo de crecimiento de la casa gallega es más modesto, todavía le lleva una ventaja considerable: ingresó en seis meses prácticamente lo que la japonesa en todo el año. H&M, hasta el momento el segundo mayor grupo del sector, sin embargo, es hilo de otro carrete.

En los primeros nueve meses de su ciclo fiscal, que termina el 30 de noviembre, la empresa sueca ingresó unos 14.500 millones de euros, un 4,4% menos interanual. Para no perder la plata, tendría que aumentar la facturación total de 2025 en un 10% y, para ello, pasar por caja cerca de 8.000 millones de euros en este último trimestre, frente a los 5.600 del mismo período del año anterior. Con estos números, Yanai está en camino de situarse solo un peldaño, aunque sea alto, por debajo de Inditex.

Unos cuantos escalones eran todo lo que separaba su casa del negocio familiar. La tienda de trajes de hombre que tenía su padre ocupaba la planta baja y la familia, y los empleados, vivían en la de arriba. Yanai nació en Ube, una ciudad minera en la prefectura de Yamaguchi, en el extremo occidental de Honshū, la principal isla de Japón. Fue el segundo hijo del matrimonio y el único varón, con una hermana mayor y dos pequeñas. Era un niño tímido que temía a un padre con un carácter difícil y tosco y al que intentaba evitar. “Trabajaba duro, pero también solía hacer contactos después de la hora de cierre y raramente llegaba a casa antes de que se hiciese tarde”, contó a Japan Forward. “Quizá de ahí venga mi costumbre de acostarme temprano”.

Ingresó en la prestigiosa Universidad de Waseda, en Tokio, para estudiar ciencias económicas y políticas, lo que le valió uno de los pocos elogios que recibió de su progenitor. Su paso por la facultad coincidió con un período intenso de protestas estudiantiles de las que no quería saber nada, así que mataba el tiempo entre las proyecciones de los cines y el ruido de las salas de pachinko y mahjong. Aprovechó un cierre largo de la universidad para hacer un viaje de algo más de tres meses que lo acabó llevando a Londres, donde se encontró con un estilo nuevo de ropa.

Tras su graduación a inicios de los setenta, su padre lo recomendó para un trabajo en el departamento de moda de una gran superficie. A los nueve meses dimitió y se incorporó al negocio familiar. Con 25 años asumió el control de la empresa, que ya tenía una veintena de tiendas, y abrió una nueva en Hiroshima, enfocada en moda más informal, Unique Clothing Warehouse. Al principio vendían prendas de diferentes firmas, pero Yanai no tardó en ver el potencial de una marca propia que aunase diseño minimalista, calidad y precio y que fue ganando peso en las estanterías y percheros.

La revolución de Uniqlo llegó en 1998 con la apertura en Tokio y el lanzamiento de su polar ligero y económico que, según la revista Time, acabó en el armario de uno de cada cuatro japoneses. A inicios del nuevo milenio pusieron en marcha la internacionalización, que no empezó de la mejor manera. “Cuando nos estábamos expandiendo al extranjero, fracasamos en Gran Bretaña. Fracasamos en China. Volvimos a fracasar en Estados Unidos”, dijo al medio singapurense CNA. “Entiendo perfectamente el fracaso”, añadió. Pero de todo se aprende. Fast Retailing, que incluye otras marcas como GU y Theory, cuenta hoy con unas 3.500 tiendas en 25 países, incluidos aquellos en los que tropezó cuando daba sus primeros pasos.

Han dicho de él que es un líder inspirador y una persona humilde con los pies en la tierra. También que atrae a la gente con su brillantez, liderazgo y visión. “Todos elementos de una dictadura exitosa”, comentó a GQ en 2011 un antiguo empleado de la compañía, algo que ahonda en el estilo de dirección centralizado y exigente que en ocasiones se le ha atribuido. El hombre más rico de Japón, con una fortuna valorada en unos 58.000 millones, dijo en una ocasión que no le interesaba el dinero. En una entrevista posterior comentó que no le disgustaba el título, pero que no creía que estuviera hecho para ganar tanto y que priorizaba hacer algo bueno por la sociedad. Después enseñó el reloj Swatch que llevaba en la muñeca al periodista del Financial Times que tenía delante para respaldar sus palabras. Tal vez no es uno de esos multimillonarios que tienen un Rolex, pero sí uno apasionado por el golf con dos campos propios en Hawái.

Yanai está casado y tiene dos hijos. Ninguno será su sucesor. A pesar de haber elogiado su talento, el actual presidente y director ejecutivo no cree que buscar relevo entre las ramas del árbol genealógico sea lo más conveniente para la empresa, de la que todavía mantiene cerca del 14% y cuyo valor bursátil ronda los 136.000 millones. Por el momento, no ha trascendido el nombre de ningún candidato al cargo y Yanai se mantiene, con 77 años, en el puente de mando persiguiendo la ballena blanca de Arteixo.