Víctor Giordana comenzó hace 40 años con un tractor prestado para sembrar 40 hectáreas y un pequeño negocio de agroquímicos y hoy su empresa, VG Agronegocios, se convirtió en un ejemplo de diversificación y agregado de valor. Con presencia en tres provincias, siembra 22.500 hectáreas por campaña, hace ciclo completo engordando unos 5.500 animales por año, produce 16.500 litros por día de bioetanol y elabora aceitunas y aceite de oliva para exportar en 900 hectáreas de olivos, generando empleo a más de 200 trabajadores.

La base de operaciones de la compañía está ubicada en Jesús María, Córdoba, y desde allí se articula una estructura productiva diversificada. La agricultura es la principal actividad, seguida por la ganadería y la olivicultura.

La expansión agrícola fue acompañada por una modificación progresiva de la estructura de tenencia de la tierra. VG Agronegocios actualmente siembra 22.500 hectáreas, de las cuales aproximadamente el 65% son propias y el resto corresponde a campos alquilados.

La agricultura se encuentra distribuida entre distintos ambientes productivos. Uno de los principales núcleos está en el este de Santiago del Estero, donde la empresa trabaja con soja, maíz y sorgo, aunque en los últimos años incorporó trigo y girasol a la rotación. La aparición y expansión de la chicharrita en el maíz hizo modificar parte de la estrategia. La empresa comenzó a reemplazar superficie de maíz por sorgo y, al mismo tiempo, buscó sumar cultivos que permitieran diversificar el esquema productivo.

La incorporación de trigo sirve para generar cobertura y conservar humedad para la siembra siguiente. Además, comenzó a utilizar girasol como cultivo intermedio entre las producciones de invierno y verano, con cosecha prevista para diciembre o los primeros días de enero.

En el norte de Córdoba, otro de los núcleos agrícolas de la firma, mantiene una participación importante del maíz y soja, con un 50% de participación para ambos cultivos. Además, también produce granos en el sudeste de esa misma provincia, pero en menor escala.

El uso de tecnología es uno de los pilares de la agricultura. La empresa realiza aproximadamente el 70% de las tareas de siembra, cosecha y pulverización con maquinaria propia y trabaja con herramientas vinculadas a la agricultura de precisión, con el objetivo de elevar la eficiencia y cuidar los suelos mediante un manejo cada vez más preciso.

Una de las características más importantes de VG Agronegocios es que la producción primaria no termina en la venta del grano, sino que una parte importante de los productos encuentra destino dentro de la propia estructura.

La empresa cuenta con una planta de bioetanol desde hace 10 años y que utiliza maíz como materia prima: muele alrededor de 40 toneladas de maíz por día y produce unos 16.500 litros diarios de etanol, que comercializa a las petroleras, además de generar unas 40 toneladas diarias de burlanda húmeda. Y esa burlanda se usa en el feedlot como parte de la alimentación, cerrando el circuito. “Si por ahí baja la carga del feedlot por alguna circunstancia, el excedente lo vendemos”, explicó Giordana.

En tanto, la ganadería se concentra principalmente en Santiago del Estero y Córdoba. En la provincia santiagueña la empresa posee tres campos con sistemas silvopastoriles, donde desarrolla cría y recría, mientras que en Córdoba funciona el feedlot destinado a la terminación de esos animales. En los establecimientos santiagueños hay alrededor de 1.700 vacas y unos 5.000 terneros, mientras que el feedlot cordobés trabaja con una capacidad que ronda las 5.000 cabezas.

El modelo ganadero fue cambiando a partir de las limitaciones de los recursos forrajeros que había en el provincia del norte. "Antes hacíamos la recría a a pasto con diferidos y una suplementación muy suave", comentó Víctor. El gatton panic diferido (principal pastura del norte del país) perdía calidad, por lo que buscó una alternativa para conservar el excedente de pasto con mayor calidad.

Así, la empresa incorporó una encintadora de rollos que permite producir reservas de rollo húmedo, una técnica que fue difundida desde Clarín Rural. En lugar de esperar varios días para que el forraje pierda humedad y pueda ser enrollado, el sistema permite cortar, enrollar y encintar a la vez, trabajando con niveles de humedad de entre 50% y 60%.

A diferencia del silo pack tradicional, que envuelve individualmente cada rollo, el sistema utilizado por VG Agronegocios permite conformar una especie de "chorizo continuo" con los rollos. Al envolver solamente la circunferencia se utiliza menos plástico, ahorrando aproximadamente al 40%. La empresa, además, es una de las pocas que utiliza este sistema en Santiago del Estero, luego de haber incorporado la máquina desde Uruguay junto con otra compañía de la zona.

El cambio en el manejo del forraje permitió modificar también la carga animal. La empresa comenzó a cosechar los excedentes de pasto durante el verano para utilizarlos como reserva durante el invierno, en lugar de intentar consumir todo directamente con los animales. “Cuando vos tenés exceso no te lo podés comer con la vaca porque no te da abasto, tendría que tener una carga altísima y hay que complementarlo con la cosecha con máquina a los excedentes”, explicó Giordana.

Ese manejo resulta especialmente importante en una región donde el gatton panic tiene una fuerte estacionalidad: gran producción durante el verano, pero luego atraviesa varios meses en los que pierde calidad y finalmente deja de producir.

La estrategia también cambió la composición de las reservas. En lugar de depender principalmente de maíz o sorgo picado, que llegaban a Santiago del Estero con costos elevados por la logística y por el momento de disponibilidad de los equipos, el empresario decidió aprovechar el propio excedente de gatton panic.

Así, luego de recría a corral con rollos de gatton panic complementada con soja y maíz, los terneros van hacia el feedlot de la firma que está en Jesús María. La empresa engorda novillos de 500 kilos y vaquillonas de más de 450 kilos, con destino de exportación. Los novillos llegan al feedlot desde Santiago del Estero con 330 kilos, aunque el objetivo es acercarse a los 350-370 kilos, mientras que las vaquillonas ingresan con unos 300 kilos:

La permanencia de los animales en el feedlot también fue modificada. Actualmente la empresa trabaja con períodos de alimentación de alrededor de 120 días para novillos y vaquillonas, mientras que las vacas permanecen entre 90 y 100 días. “Ahí mejoramos la calidad de la carne muchísimo con eso”, sostuvo Giordana.

En materia genética, el rodeo tiene una fuerte presencia de Brangus, que representa aproximadamente dos tercios del plantel. El tercio restante incluye animales de un rodeo incorporado recientemente, correspondiente a San Ignacio, una cruza con influencia de genética africana desarrollada por el ingeniero Melo.

En cuanto al manejo reproductivo, la firma utiliza inseminación artificial a tiempo fijo y trabaja con dos servicios en vaquillonas. Al mismo tiempo, mantiene una política estricta de selección: "Las vacas que no logran producir un ternero salen del sistema", afirmó Giordana.

En este sentido, en los sistemas tradicionales, la parición se busca hacer coincidir con el inicio de la oferta de pasto. En Santiago del Estero eso supone esperar hasta diciembre. Pero al disponer de reservas de calidad, VG Agronegocios adelantó el servicio y la parición. Las vacas comienzan a parir entre septiembre y octubre, lo que permite llegar al destete de fines de abril con terneros de mayor edad y buen desarrollo. Con este manejo, la empresa registra una preñez de alrededor del 91% al 92% y un destete cercano al 82%

Mirando a futuro, destacó que "todos los cañones están puestos a intensificar la ganadería", con el objetivo es transformar campos de menor productividad en sistemas que puedan sostener una mayor carga animal mediante el manejo de pasturas y la cosecha de los excedentes.

La tercera gran pata del negocio es la olivicultura, una actividad que comenzó casi como una decisión defensiva frente a los riesgos de la agricultura y que terminó convirtiéndose en una unidad productiva integrada. La finca olivícola, que tiene 900 hectáreas, está ubicada en Chilecito, La Rioja, y fue adquirida a Cargill en 2006.

Cuando llegó a manos de Giordana, tenía un esquema intensivo de aproximadamente 300 plantas por hectárea, con un marco de plantación de 8 por 4 metros. La empresa comenzó entonces un proceso de reconversión. Las plantaciones antiguas fueron reemplazadas progresivamente por un sistema superintensivo, de unas 2.000 plantas por hectárea. Esa modificación, según contó Víctor, le permitió mejorar el aprovechamiento de la maquinaria y realizar la cosecha mecánica con una sola pasada.

La decisión de entrar en el negocio olivícola estuvo vinculada a la necesidad de diversificar los ingresos. Giordana recuerda que durante una etapa la agricultura estaba muy expuesta a alquileres elevados y que, después de cerrar algunas campañas con resultados negativos, la empresa buscó una actividad diferente. La oportunidad apareció cuando se ofreció la finca de La Rioja. “Me metí en olivicultura de corajudo o equivocado”, admitió.

El problema inicial no fue solamente productivo. La aceituna es un producto perecedero y, al comenzar la explotación, la empresa descubrió que quedaba en una posición débil frente a los compradores. “Cuando lo vendíamos me daban lo que quería, me pagaban lo que querían y cuando querían”, recordó Giordana, lo que decidió avanzar en la industrialización.

Primero instaló una fábrica de aceitunas de mesa y contrató a un asesor español, Rafael Preites para que lo lleve adelante. Ahora exporta principalmente a Brasil y Estados Unidos.

Luego, la industrialización continuó con el aceite de oliva. En un primer momento, la aceituna aceitera era procesada mediante terceros, pero los rendimientos obtenidos no conformaban a la empresa. La respuesta fue construir una fábrica propia. Recientemente, incorporó nuevos equipos, entre ellos una máquina destinada a recuperar el aceite que permanece en el orujo después de la primera extracción.

El próximo paso en La Rioja será volver a diversificar, esta vez hacia la producción de pasas de uva.

Ser empresario

Para Giordana, el crecimiento empresarial no puede separarse de la actualización técnica y de la formación permanente. Una de las herramientas que más influyeron en su trayectoria fue CREA. Fue miembro fundador del CREA Monte Buey-Inriville y posteriormente participó en otros grupos y espacios de intercambio vinculados con distintas regiones y actividades. En esos ámbitos encontró una forma de incorporar conocimientos y contrastar decisiones con otros productores.

La inversión también fue permanente. Giordana asegura que durante 42 años destinó recursos propios o tomó crédito para continuar creciendo, sin condicionar sus decisiones a la identidad del gobierno de turno. “Siempre invertimos. En algunos me fue mejor, a otros fue muy peor, pero esa es la clave de invertir permanentemente e ir creciendo”, afirmó.

La asociación con terceros también fue una herramienta de crecimiento. Giordana consideró que hay proyectos que un empresario no puede afrontar solo y que, en esos casos, asociarse puede ser una alternativa para avanzar. “Es un mensaje para los chicos jóvenes que se largan y a veces hay cosas que no se pueden solos”, plantea.

Hay otra idea que atraviesa toda la historia y que Giordana considera incluso más importante que la inversión o la tecnología: la confianza. Es un principio que ahora intenta transmitir a sus hijos, que ya forman parte de la empresa. “Siempre se lo repito a mis hijos que ya están en la empresa: es generar confianza y cumplir con todos los compromisos en tiempo y forma”, explica. “Generar confianza lleva mucho tiempo y perderla puede ser un ratito”, sintetizó mientras sus cuatro hijos (Marina, Victoria, Román y Giuliana) ya forman parte de la empr