Aprender un movimiento nuevo no depende únicamente de cuánto se practica mientras se está realizando. Después del entrenamiento, el cerebro continúa trabajando para estabilizar y consolidar lo aprendido.
Un equipo de la Universidad de Tohoku, en Japón, descubrió ahora que estimular el nervio vago durante ese período posterior puede favorecer que una habilidad motora permanezca durante más tiempo.
El nervio vago funciona como una gran vía de comunicación entre el cerebro y numerosos órganos internos. Interviene en funciones como el ritmo cardíaco, la digestión y distintos mecanismos del sistema nervioso autónomo.
Su estimulación eléctrica ya se utiliza clínicamente para determinadas enfermedades, aunque los científicos todavía investigan todos los mecanismos mediante los cuales puede modificar la actividad cerebral.
Investigadores de la Graduate School of Life Sciences de la Universidad de Tohoku diseñaron un pequeño electrodo que podía permanecer colocado alrededor del nervio vago cervical izquierdo de ratones mientras se movían libremente.
Luego hicieron que los animales practicaran una tarea de aprendizaje motor dependiente del cerebelo. Los ratones debían mejorar un reflejo ocular utilizado para seguir franjas visuales en movimiento, conocido como respuesta optocinética horizontal.
La diferencia fundamental fue el momento de la intervención: los investigadores no estimularon el nervio mientras los animales aprendían, sino luego de cada sesión.
La mejora apareció al día siguiente
Durante el propio entrenamiento, los ratones estimulados no mostraron una ventaja relevante. La diferencia apareció después.
Al evaluar nuevamente a los animales en el segundo y el quinto día, el grupo que había recibido estimulación del nervio vago mostró un aprendizaje más fuerte.
Para los investigadores, esto apunta a que la intervención podría estar facilitando los mecanismos que consolidan la memoria después de practicar, más que mejorar directamente el rendimiento mientras se ejecuta la tarea.
El efecto también apareció en el cerebro
El equipo encontró además un fenómeno inesperado en el cerebro. Mediante fotometría con fibra óptica midieron cambios en el volumen sanguíneo alrededor del flóculo cerebeloso, una región implicada en ese aprendizaje.
Una estimulación provocaba primero una pequeña disminución del volumen local y después un aumento. Cuando los pulsos se repetían, comenzaron a aparecer oscilaciones rítmicas de los vasos sanguíneos. Los animales con oscilaciones más pronunciadas tendían también a rendir mejor en el quinto día.
Los autores plantean que esos cambios vasculares podrían modificar temporalmente el ambiente metabólico del cerebro, influyendo en el suministro de oxígeno y glucosa o en la eliminación de productos metabólicos. Todavía no demostraron, sin embargo, que las oscilaciones sean la causa directa de la mejora.
Hay, sin embargo, una limitación fundamental: el experimento fue realizado en ratones. Por ahora, no demuestra que estimular el nervio vago después de una sesión de práctica mejore el aprendizaje motor en personas.
Pero el hallazgo abre una posibilidad científicamente interesante: parte de lo que determina que un aprendizaje permanezca podría depender de señales que llegan al cerebro desde el resto del cuerpo después de que la práctica ya terminó.
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