Starlink, el negocio de conectividad de SpaceX, la empresa de Elon Musk, tiene la vista puesta en expandirse por Europa. Su oposición a unas nuevas normas que podrían limitar el acceso de las compañías extranjeras al espectro de comunicaciones móviles por satélite es reveladora. Cuatro grupos europeos de telecomunicaciones desvelaron el 19 de octubre que estudian presentar su propia oferta por el espectro. Es probable que la alianza sea recibida como una provocación en Washington. Pero Europa debería dar prioridad a una red de satélites propia.
Musk ha estado acumulando espectro en Estados Unidos, aparentemente con la intención de desafiar a operadores móviles convencionales como T-Mobile y AT&T mediante una red híbrida terrestre y por satélite. Sin embargo, la constelación Starlink orbita todo el planeta, por lo que tiene sentido captar clientes en todo el mundo. Europa, con sus consumidores de elevado poder adquisitivo y su maduro mercado de telefonía móvil, representa una oportunidad evidente. Sus legisladores, no obstante, no ven con tan buenos ojos a la compañía.
En mayo, la Comisión Europea expuso sus planes para conceder nuevas licencias de explotación de la parte de su espectro satelital reservada a los servicios móviles. Según las propuestas, un tercio de las frecuencias se reservará para comunicaciones gubernamentales seguras y otro tercio estará disponible para operadores comerciales controlados desde la Unión Europea. Esta última porción es la que interesa a los cuatro operadores móviles locales con ambiciones satelitales: Vodafone, Orange, Deutsche Telekom y Telefónica. El grupo no pretende invertir en una constelación de satélites propia, por lo que necesitaría incorporar al proyecto a un socio especializado. Mientras, Starlink solo podrá pujar, junto con otros operadores extracomunitarios, por el tercio restante del espectro.
SpaceX detesta esta estructura proteccionista, según el Financial Times. Más recientemente, el embajador estadounidense ante la UE dijo al mismo periódico que el bloque podría enfrentarse a represalias “devastadoras” si sigue adelante.
Desde una perspectiva estrictamente comercial, probablemente no parezca una batalla que merezca la pena librar. Es previsible que en Europa los servicios por satélite sean un complemento de la cobertura terrestre, más que un sustituto. Los analistas de HSBC han estimado que alrededor del 3% de los usuarios de telefonía móvil de todo el mundo contratarán cobertura espacial como complemento para 2030 y pagarán por ella cerca del 25% del ingreso medio por usuario.
Si Europa alcanzara una tasa de adopción muy superior —por ejemplo, el 20% de los abonados a internet móvil—, los operadores podrían llegar a contar con unos 75 millones de clientes de servicios satelitales. Si el ingreso medio por usuario aumenta hasta 14 euros al mes —desde los 11 de 2024— y los clientes están dispuestos a pagar una cuarta parte de esa cantidad para acceder a datos vía satélite en zonas sin cobertura, los ingresos anuales adicionales en Europa ascenderían a unos exiguos 3.200 millones de euros. Esa suma se repartiría entre los operadores de redes móviles y la empresa que eligieran como proveedor de servicios satelitales, ya que no tienen intención de construir una constelación propia.
Sin embargo, la conectividad por satélite tiene una importancia estratégica mayor de lo que sugieren esas cifras. Europa ya es muy consciente de su dependencia de proveedores estadounidenses en ámbitos como las infraestructuras de computación en la nube. Si el bloque, o alguno de sus Estados miembros, se enfrentara a un hiperescalador o al Gobierno estadounidense, teme que estos servicios pudieran verse restringidos. La reciente incertidumbre sobre el acceso de Ucrania a Starlink recuerda los riesgos de depender de una sola empresa para unas capacidades de comunicación esenciales. Si una red satelital soberana pudiera garantizar que Europa nunca se quede a oscuras, parece que merece la pena apostar por ella.
Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.




