El puesto con mayor poder económico de Europa puede decidirse en las próximas semanas. Un español, el exgobernador del Banco de España y actual director gerente del Banco Internacional de Pagos de Basilea, Pablo Hernández de Cos, está entre los favoritos para presidir el BCE, en una carrera cuyas condiciones cambian cada semana que pasa. Ya ha empezado a mover sus fichas, con contactos informales con las capitales europeas, con la difícil tarea de conjugar los intereses de una Francia en llamas y una Alemania renqueante, así como el resto de países del club del euro.
Lo que en las últimas semanas eran movimientos soterrados, ahora son declaraciones públicas. De Cos recibió la semana pasada un espaldarazo clave: Alberto Núñez Feijóo dio su apoyo explícito al candidato, presentado por el Ejecutivo de Pedro Sánchez semanas atrás. Un respaldo crítico teniendo en cuenta la ventaja del Partido Popular en las encuestas y que las elecciones coinciden en el tiempo con las negociaciones para renovar la primera vacante que se abre en el BCE, la de la alemana Isabel Schnabel, que abandonará la entidad en enero con rumbo al FMI.
Los jefes de gobierno de la UE mantendrán una reunión informal el 13 de noviembre antes de un consejo extraordinario el 26 y 27 de noviembre, dos días antes de los comicios en España. Sobre la mesa estará la sustitución de Schnabel, pero posiblemente también las del economista jefe, Philip Lane, cuyo mandato expira en primavera, y el de la propia presidenta, Christine Lagarde, que acaba en octubre, pero ha abierto la puerta a una salida anticipada. Son tres de los seis puestos del poderoso comité ejecutivo del banco. “No tengo ninguna duda de que se negociarán a la vez; no puedes colocar una silla sin tener visibilidad sobre cómo se repartirán las próximas”, argumenta una fuente financiera. Este escenario lo mencionó explícitamente ayer el canciller alemán Friedrich Merz. “Si es necesario, llegaremos a una solución muy rápida en el consejo, tanto para su sustitución como, posiblemente, para la del presidente. Estamos preparados”, afirmó a Bloomberg TV.
El español ya ha movido ficha. Distintas fuentes del mercado confirman que el director gerente del BIS ha mantenido discretos contactos con responsables de las áreas económicas de los gobiernos de los países miembros, así como con los responsables de los bancos nacionales. No en vano, De Cos acaba de asistir a la cumbre anual entre el FMI y el Banco Mundial que se ha celebrado la semana pasada en Bangkok (Tailandia), así como a la reunión del Ecofin, que junta a los Ministros de Finanzas de la UE, celebrado el mes pasado en Dublín. “Forma parte de una primera ronda de contactos, de carácter más informal. Si el proceso avanza y toma vuelo, es lógico que esos contactos se intensifiquen próximamente, incluyendo reuniones directas con el presidente francés [Emmanuel Macron] y el alemán [Merz]”, comenta una fuente próxima al proceso.
El principal rival de Cos a día de hoy es el neerlandés Klaas Knot, ex presidente del Banco Central de Países Bajos, si bien ninguno de los expertos consultados descarta la posibilidad de que surja un nuevo candidato a última hora, como ocurrió, de hecho, con Lagarde. París y Berlín, de momento, no han puesto nombres sobre la mesa. Y, en las últimas semanas, la evolución de la situación financiera en Francia puede alterar los equilibrios. “Si Francia cree que puede necesitar respaldo del BCE, aunque a día de hoy esta es una posibilidad muy lejana, sin duda preferirían a De Cos”, comenta una fuente financiera. Tanto en 2012 como en 2015 Knot se alineó con el ala más dura del BCE, la dupla formada por el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, y el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann. “Aunque”, matiza esta misma fuente, “llegado el caso, sería mucho más fácil si es Knot quien debe convencer a alemanes o austriacos de la necesidad de apoyar a Francia”. De Cos, a quien se le supone el apoyo de la propia Lagarde, se postula como un perfil capaz de tomar decisiones de política monetaria tanto más conservadoras (lo que en el argot se conoce como halcón) o más laxas (llamado paloma).
La clave para el futuro de De Cos es un delicado juego de equilibrios políticos y económicos. De los grandes países, Francia y Alemania esperan no perder su puesto en el comité ejecutivo del banco. España no tiene representante desde el año pasado y el italiano Piero Cipollone tiene mandato hasta 2031. El puesto de economista jefe que ocupa Philip Lane es, sobre el papel, el más relevante, pues es el responsable de exponer la situación económica al Consejo de Gobierno antes de que este decida si se suben o bajan tipos. Francia aspiraba a amarrar esta silla tras perder la presidencia. El otro sillón, el ocupado por Isabel Schnabel, tampoco es baladí: es el responsable de las operaciones de mercado y expone la situación financiera. Fue un francés, Benoît Cœuré, el que ocupó esta posición durante la anterior crisis de deuda. Estos dos consejeros son los dos que marcan el paso de las reuniones del BCE.
Si De Cos quiere ser presidente, deberá resolver este sudoku de nacionalidades y tendencias. Una opción puede ser, con la ventaja de una mayor sensibilidad hacia los problemas de deuda, convencer a los galos de que se conformen con mercados. Esto dejaría libre la vacante de economista jefe para Alemania. Paradójicamente, el primer país del euro es el único que nunca ha presidido el banco central (España tampoco) y durante meses se especuló con que iba a por ello. Pero el hecho de que una alemana ya pilote otras instituciones europeas, con Ursula von der Leyen al frente de la Comisión Europea y Claudia Buch en el Mecanismo Único de Supervisión Bancaria, ha enfriado este movimiento.
El rol de economista jefe puede ser una garantía suficiente para Alemania de que el BCE mantendrá el rigor presupuestario. Si Francia se aferra a esta posición, De Cos deberá convencer a los germanos de que un presidente español y un economista jefe francés no es una dupla demasiado laxa, además de asegurarles el puesto de responsable de mercados.
La situación francesa puede tener también otros efectos inesperados. Economistas consultados aseguran que, si bien Christine Lagarde ha dejado la puerta abierta a una salida anticipada (la agencia Reuters publicó que saldría en enero para presidir el World Economic Forum), ven complicado que Lagarde lo haga en plena tormenta política y financiera sobre su país. Si la francesa decide agotar mandato, las quinielas sobre la negociación en bloque de los tres puestos se pueden ir al traste. La solución, en las próximas semanas.






